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info económico semanal del banco ciudad

LA SEMANA EN POCAS PALABRAS

Los datos de julio confirman que la economía comenzó a normalizar su crecimiento más por problemas de oferta que por razones de demanda. A la desaceleración del Índice General de Actividad (IGA-OJF) y de los indicadores de producción industrial, se sumaron datos de la construcción y de la provisión de energía que apuntan en el mismo sentido. En todos los casos, se verificó una caída mensual (para muchos la primera desde que comenzó la recuperación de la crisis de 2009), acompañada por un crecimiento interanual menor al de meses previos.En contraposición a los indicadores de “oferta”, los datos por el lado de la “demanda” no dan cuentas hasta ahora de un enfriamiento. En julio aumentaron mensualmente y verificaron un crecimiento interanual superior al promedio del año. El alza de las ventas es liderada por shoppings, concesionarios de autos y casas de electrodomésticos. La performance de los préstamos al consumo es otro indicador de lo robusta que sigue siendo la demanda hasta hoy.Este “divorcio” entre la producción y el consumo, explica que la demanda excedente continúe ajustando vía importaciones y precios, sobre todo en sectores con menor capacidad para suplementar oferta doméstica con bienes importados. Este escenario tiene lugar en un contexto en el que ya se recuperaron los niveles de actividad pre-crisis, comenzándose a explorar nuevos picos productivos que ubican al PIB por encima de su potencial.El crecimiento de 2010 “ya estaría jugado”. Así como en la primera mitad del año cada nuevo dato conocido resultaba mejor al esperado y obligaba a revisar al alza las proyecciones de crecimiento, en el segundo semestre esperamos que los datos sean “mixtos” y las proyecciones sufran menos modificaciones. La velocidad a la que avance la actividad agregada en los próximos meses será relevante para definir el “arrastre estadístico” para 2011 más que para determinar el crecimiento de 2010.De acuerdo a nuestras estimaciones, y tomando como base indicadores privados, la economía finalizaría este año con una expansión de entre 7 y 8%, principalmente por un robusto primer semestre, dejando un arrastre estadístico para 2011 del 1,5 al 2%. Los indicadores oficiales podrían resultar algo más “generosos” con las cifras de crecimiento, culminando 2010 con un alza superior al 8% y un arrastre mayor a los 2 puntos porcentuales.Hacia delante, es razonable que los indicadores de consumo tiendan a “normalizar” su ritmo de aumento. Sólo por un efecto base de comparación, difícilmente se repitan los picos de crecimiento alcanzados entre marzo y abril por los indicadores de ventas minoristas, que ya habían comenzado a recuperarse a mediados de 2009. Asimismo, el “boom” de consumo de durables estuvo fomentado hasta ahora tanto por el gasto postergado entre 2008 y 2009, como por el incentivo a adelantar consumo en una economía con alta inflación y bajas tasas de interés. Aunque todavía en niveles altos, la estabilización reciente de las expectativas de inflación y los límites naturales al apalancamiento podrían inducir una moderación en el consumo de durables en los próximos meses. La erosión inflacionaria de los ajustes salariales también actuaría en el mismo sentido.Compensando parcialmente la dinámica propia del consumo privado, la política monetaria y fiscal mantendrá “tonificada” la demanda. Al relajamiento de las metas monetarias del BCRA, se agregan en septiembre los ajustes en las jubilaciones y la asignación por hijo, que se montan sobre un gasto público que crece a tasas superiores al 30% anual.

CONTENIDOS

  • Nivel de Actividad: problemas de oferta y no de demanda (pág.2)
  • Recaudación tributaria: sigue aportando (pág.6)
  • La Marcha de los Mercados (pág.8)
  • Estadístico (pág.9)

  http://srvdocs2.bancociudad.com.ar/Content/Institucional/Informe-semanal-102.pdf

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Brasil empuja a toda máquina y ayuda a la Argentina a crecer

Más exportaciones, la ampliación de las inversiones brasileñas en el país y el aumento del turismo son algunas de las razones.

PorAnnabella Quiroga
aquiroga@clarin.com

La mitad de los autos que se producen en la Argentina son exportados a Brasil

La mitad de los autos que se producen en la Argentina son exportados a Brasil 

 

La Argentina está palpando los beneficios de tener como vecino a la octava economía del mundo. El último informe del Fondo Monetario Internacional revalidó los títulos de Brasil, que ya se posiciona en el top ten de las grandes economías, relegando a España al noveno lugar.

En el informe dado a conocer semanas atrás, el FMI estima que el PBI nominal de nuestro vecino habría superado los US$1,8 billones en el último año. Tamaña expansión termina derramándose sobre la economía local a través de varias vías, entre ellas el comercio exterior, las inversiones y el turismo.

Si bien Brasil ya juega en las grandes ligas y planifica su economía con la mirada puesta en Asia, Estados Unidos y en Europa antes que en América Latina, mantiene con la Argentina una relación estrecha, que le saca varios cuerpos de ventaja a la vinculación que tiene con los otros países de la región.

Nuestro país es el tercer destino de las exportaciones brasileñas ­después de Estados Unidos y China­. El siguiente país latinoamericano en esta lista es Chile, que recién aparece en el onceavo puesto.

Lulanomics

En sus últimos meses de gobierno, Lula sigue cosechando logros. “Desde el comienzo de esta gestión, en 2002, se crearon 12 millones de puestos de trabajo, con un aumento del 53% del sueldo básico. Esto marcó una importante reducción de la pobreza”, sostiene el economista Dante Sica, de Abeceb.

Según datos de la Fundación Getulio Vargas, la cantidad de pobres se redujo de 50 millones a 30 millones en los dos períodos del actual gobierno. Si la bonanza económica continúa ­y la pobreza se sigue reduciendo a una tasa del 10% anual­, para 2014 solo el 8% de la población brasileña será pobre.

Al igual que la Argentina, Brasil se viene beneficiando del contexto internacional, favorable a los productores de commodities. Pero entre las múltiples diferencias que existen entre los dos modelos económicos sobresalen dos: la trayectoria del tipo de cambio y las políticas antiinflacionarias. En los últimos tres años, la inflación de los vecinos osciló en torno al 5% anual , después de haber tenido un pico de 14% en 2003. Y la moneda brasileña inició una sostenida apreciación que hoy lo lleva a cotizar a 1,76 reales por dólar. La consultora Finsoport menciona que “las medidas tendientes al control de la inflación mediante el esquema de metas, la apreciación cambiaria nominal y las elevadas tasas de interés mantenidas por una rígida política monetaria, provocaron un aluvión de inversiones extranjeras directas y de cartera”.

El último dato oficial consigna que, en el primer trimestre de este año, la expansión interanual del PBI brasileño fue de 9%. El economista Jorge Todesca rescata que esa fue “la tasa de crecimiento más elevada de toda la década. En ese período la inversión agregada creció a un ritmo interanual del 26%” (ver infografía).

Marina Dal Poggetto, economista del Estudio Bein, apunta que “Brasil ha logrado convivir con un escenario de tipo de cambio poco competitivo y tasas de interés muy altas a partir de una estructura muy sesgada de subsidios a la inversión por parte del BNDES”. Los créditos otorgados por el banco brasileño de desarrollo representan el 17% del PBI, de un stock de crédito que asciende a 50% del PBI. Dal Poggetto concluye que “esta estructura de capital más sesgada al crédito que al capital propio, en conjunto con un regimen de reglas claras para la inversión ­estabilidad macroeconómica y estabilidad en la política de fijación de precios e impuestos­ es la que le ha dado viabilidad a un modelo de baja rentabilidad en los sectores transables”.

Efectos

El primer impacto del crecimiento de Brasil sobre la economía argentina se relaciona con el comercio exterior. El 8,3% de las importaciones brasileñas provienen de la Argentina. En lo que va de este año, les vendimos por US$7.959 millones. A su vez, la Argentina importa del Brasil un tercio de sus compras externas. A diferencia de lo que ocurre en el intercambio comercial con el resto del mundo, en esta relación los productos manufacturados constituyen el 75% de las exportaciones.

El comercio bilateral crece a un ritmo mucho mayor que el que presenta el comercio de la Argentina con los demás países. Las exportaciones argentinas a Brasil están aumentando al 37% anual, muy por encima de la expansión del 19% que presentan en el cómputo global. Algo similar ocurre con las importaciones, que según datos oficiales de Brasil, aumentaron 57% en lo que va del año hasta llegar a US$9.423 millones. En cambio, las compras globales subieron 43% en el período.

Por supuesto, en esta relación los brasileños salen ganando. De este modo, en los primeros siete meses del año, el intercambio bilateral dejó un déficit para la Argentina de US$1.464 millones, 41% más que en ese lapso del año pasado.

La ampliación de este rojo habla de la fortaleza de la economía brasileña y también de la expansión de la actividad local, ávida de importaciones. Dal Poggetto dice que “lo que se ve son dos economías con la demanda volando y que requieren de importaciones para poder abastecerse”.

La Argentina logra ocupar el tercer puesto como proveedor de Brasil a partir del comercio automotor, ya que se llevan la mitad de lo que se produce aquí (ver aparte). A esto se suma la exportación de nafta para petroquímicas, trigo, plásticos y derivados. Dante Sica detalla que entre los beneficiados aparece el sector autopartista, “que a pesar de presentar un fuerte déficit, también muestra un crecimiento interesante. Los beneficios llegan a sectores como papel, gráficos, químicos, que si bien no tienen tanto peso dentro del comercio, tienen un fuerte empuje”.

Los otros dos rubros en los que puede verse a Brasil traccionando sobre la Argentina son el turismo y la radicación de inversiones. En el primer caso, los brasileños lideran cómodamente la llegada de turistas extranjeros, con un crecimiento del 46% este año después del pésimo 2009 marcado por la gripe A y la recesión. En el segundo, las inversiones provenientes de ese país ya suman US$9.500 millones en lo que va del año (ver recuadros).

Sin embargo, Brasil sólo explica una parte residual del crecimiento argentino. “En la expansión de la economía local, lo que más tracciona es la demanda interna y no la demanda externa”, dice Sica. Con estos componentes, “la Argentina crecerá este año 7% fácilmente, aunque puede ser un poquito más”.

Para Dal Poggetto, “no es el impulso brasileño lo que lo está motorizando a la economía argentina.

Lo principal sigue siendo la demanda doméstica, estimulada por las políticas oficiales favorables al consumo y el salto de la cosecha”.

Proyecciones

En dos meses, Brasil elegirá a su próximo presidente. Las encuestas marcan que sumará otro punto en común con la Argentina y tendrá una presidenta, la oficialista Dilma Rousseff. “Las reglas del juego van a continuar con Dilma, las políticas cambiaria y monetaria van a seguir siendo similares”, sostiene Dal Poggetto.

Todesca marca matices. Sostiene que siempre que a Brasil no se le deteriore el superávit de la balanza comercial, ­que en los últimos tres años se redujo­, “en la próxima gestión el real continuará apreciado, por lo que seguirá aumentando su poder adquisitivo en términos de otras monedas”.

Más allá del cambio de gobierno, lo esperable es que el ritmo de crecimiento vaya bajando. Todesca agrega que “todos los pronósticos para los países latinoamericanos, incluyendo a Brasil y a la Argentina, marcan un menor crecimiento. Gane quien gane las elecciones allá, el ritmo se irá desacelerando”.

Entonces, Todesca imagina que Dilma “algún cambio va a introducir, porque la situación del sector externo no es la misma que la que había hace tres años. Quizás alguna regla cambie”.

En este contexto, los conflictos comerciales que ambos países mantienen van a continuar. En 2009, la recesión potenció las discusiones con el gobierno argentino, que estableció restricciones para el ingreso de productos. En represalia, Brasil también retaceó sus fronteras, con días de disputa que derivaron en 500 camiones demorados. Hoy la situación está mucho más distendida que el año pasado, porque la Argentina comenzó a acelerar la aprobación de las licencias no automáticas con las que se restringía la llegada de importaciones. La bonanza en los dos estados ayuda a descomprimir. Todesca acota que sobre esto se suma una regla no escrita de la diplomacia bilateral: no ponerle piedras en el camino al socio cuando tiene un proceso eleccionario por delante.

original en iEco:

http://www.ieco.clarin.com/economia/Brasil-empuja-maquina-Argentina-crecer_0_162900003.html

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Protegido: BALANZA COMERCIAL CON BRASIL

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Entrevista con Enrique Iglesias

“Hay que tener mercado pero también hay que tener

Estado”

Para el ex titular del BID, son “peligrosas” las democracias que quieren

ir “por encima de las instituciones”, pero destacó que el sistema debe

producir “dividendos sociales claros”. Y rechazó que, como cree Hugo

Moyano, algo de inflación no sea malo: “Es un gran factor de

desigualdad social”

Ricardo Carpena

LA NACION

 

"Hay que tener mercado pero también hay que tener Estado"

¿Es el que practicó esquí acuático desnudo para cumplir una promesa o el que fue presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) durante 20 años? ¿El que logró que su álbum debut vendiera más de un millón de copias en tres meses o el que está a cargo de la Secretaría General Iberoamericana? ¿Es, en definitiva, el hijo de Julio Iglesias, de 35 años, que nació en Madrid y que vive en Miami, o el ex secretario ejecutivo de la Cepal que nació en Asturias hace 80 años y que vivió desde los cuatro en Uruguay? 

Los buscadores de Internet pueden causar ese tipo de gravísimas confusiones. Uno, por ejemplo, escribe “Enrique Iglesias” y no aparece nada sobre nuestro entrevistado sino todo sobre el famoso cantante. Pero basta agregarle una “V” entre el nombre y el apellido para que aparezcan las numerosas entradas correspondientes a Enrique Valentín Iglesias García, de una extensa trayectoria que incluye desde la secretaría general adjunta de las Naciones Unidas, la presidencia del Foro del Tercer Mundo y la Cancillería de Uruguay durante la gestión de Julio María Sanguinetti, entre otros cargos, hasta diversas funciones internacionales, distinciones y premios como el Príncipe de Asturias de Cooperación Iberoamericana, que recibió en 1982. 

Cualquiera podría pensar que, con tantas décadas en tantos organismos internacionales, Iglesias se ha convertido en una suerte de burócrata insensible, que vive en los hoteles de cinco estrellas, aislado de la gente común, y que pasa más tiempo en los aviones que en las calles de tantas ciudades. “Nunca he sido prisionero de un reduccionismo economicista cuando veo los problemas de la sociedad -advierte a Enfoques-. La economía es muy importante, hay que vivir con ella, pero hay algo más que ella en la vida de la sociedad y de las personas. Soy un gran defensor del papel de la cultura en el examen de los problemas sociales porque allí radican los valores del espíritu y también los grandes objetivos, que están más allá de la pura visión economicista.” 

Con cuatro mandatos sucesivos (entre 1988 y 2005) al frente del BID, ese organismo internacional tan distinto a otros porque tiene como norma utilizar más del 40% de sus recursos en programas que mejoren la equidad social en la región, Iglesias no es un economista común y silvestre. Y así como muchos lo han calificado de “neoliberal”, él dice sentirse más a gusto con la definición de “conservador progresista” que cree tanto en el mercado como en el Estado. Porque, afirma, la crisis actual “demostró que el mercado, solo, puede meternos en grandes líos y, por lo tanto, tenemos que tener un Estado atento que regule el mercado y de alguna manera, también, sea compensador de los sectores más desfavorecidos”. 

 

Apenas dejó el BID, en 2004, Iglesias se puso al frente de una nueva organización, la Secretaría General de las Cumbres Iberoamericanas (Segib, sigla que para su titular “confunde a la gente porque tiene nombre de remedio”), en una tarea que dice apasionarlo aunque le resta libertad de opinión: como sus actuales “jefes” son los gobiernos de España y de América latina, se excusó varias veces ante Enfoques por no poder dar una opinión directa sobre los Kirchner o Hugo Chávez. 

Aun así, Iglesias califica de “peligroso” ese “tipo de democracia que quiere ir por encima de las instituciones”, aunque advierte: “Es importante votar, pero también que la democracia tenga dividendos sociales claros que permitan a la gente ver para qué sirve este sistema.” 

Iglesias llegó a Buenos Aires para recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. 

-Esta época parece la contracara de los años noventa: Estados Unidos y Europa, sumidas en una gran crisis, y América latina, en franco crecimiento. ¿Estamos tan bien?  

-Hay varios motivos por los cuales éste no es un mal momento en materia económica para América latina. El primero -y quizá no es debidamente valorizado- es que, en términos generales, después de pagar muchos precios por graves errores y muchos traspiés, hemos aprendido a manejar la macroeconomía mejor que nunca. El segundo: nuestra banca no cometió los excesos ni asumió los riesgos de la banca de los países industrializados. Aquí fue mucho más sólida porque vivió de los propios recursos de sus depositantes locales, no tanto de los de afuera El tercero: buena parte de América latina está unida al ciclo de países que están creciendo mucho, los asiáticos. 

-No es mal momento económico para la región. ¿Y en materia política?  

-En general, la democracia se ha ido consolidando en América latina. Los que tenemos muchos años en este negocio vemos que hay un grado de democracia, de respeto a los derechos humanos, de participación social, como los que no hubo nunca en la región. Hay excepciones, hay desniveles, pero todo el tema de libertad, democracia y derechos humanos está mucho mejor que en el pasado y, además, América latina es, junto con Europa, la región más democrática del planeta. 

-¿Y Venezuela? Hay países que entienden la democracia no en su sentido clásico, sino de una forma cercana al autoritarismo. Aquí mismo se los cuestiona a los Kirchner por ese estilo menos apegado a las instituciones.  

-Sé exactamente qué está pensando y a qué se está refiriendo. En los últimos años hemos tenido algún tipo de democracia que quiere ir por encima de las instituciones. Ponerlas al costado, ir a un contacto directo con la opinión pública y recoger un poco su legitimidad a partir de ese contacto. Eso es peligroso. En última instancia, la democracia significa instituciones, leyes, decisiones que nos llevan a depender de un engranaje institucional que esté detrás de ella. Toda vez que esto sea bypasseado , como dicen los ingleses, entramos en zonas peligrosas. Entonces el tema central es que muchas veces se llega a eso porque la democracia no ha logrado satisfacer realmente las demandas de la sociedad. Es importante votar, participar, pero también que la democracia produzca dividendos sociales claros que permitan a la gente ver para qué sirve el sistema. 

-La paradoja es un Chávez que cierra medios y persigue opositores, pero es votado en 22 oportunidades por la gente. ¿Este fenómeno representa un desafío para alguien con tanta experiencia internacional como usted?  

-Es verdad. El tema es cuando uno hace de ese ejercicio la plena legitimación. La democracia se legitima en la participación popular, pero también en los dividendos de progreso y de crecimiento, con los cuales la gente, en última instancia, ve lo que puede lograr la democracia. Si no se da, eso puede llevar a las grandes frustraciones que tenemos. A pesar de eso, hay algo muy importante: las encuestas de Latinobarómetro muestran, por ejemplo, que la gente sigue confiando en la democracia. Y se están viendo fenómenos que no vimos nunca: los presidentes dejan el poder con un enorme prestigio, una enorme popularidad, es decir, de alguna manera la gente agradece cuando han resuelto algunos problemas fundamentales. Todo eso hace que el panorama sea más complicado del que a veces queremos ver. 

-Usted trabaja desde hace muchas décadas en organismos internacionales. ¿Cómo hace para no quedar preso de esas estructuras burocráticas, en ese mundo que puede encapsularlo o alejarlo de la gente común?  

-Nunca he sido prisionero de un reduccionismo economicista cuando veo los problemas de la sociedad. La economía es muy importante, hay que vivir con ella, pero hay algo más en la vida de la sociedad y de las personas. Por eso siempre incluí en mi forma de ver las cosas los factores sociales, culturales. Soy un gran defensor del papel de la cultura en el examen de los problemas sociales porque allí radican los valores del espíritu y también los grandes objetivos, que están más allá de la pura visión economicista. 

-Usted se dedica ahora a organizar las cumbres iberoamericanas, como la que se va a realizar en Mar del Plata en diciembre próximo. ¿No hay demasiadas cumbres? ¿Brindan algún beneficio concreto a la gente?  

-Es una buena pregunta. Yo también me lo he preguntado, tanto que hemos editado un libro que se llama La diplomacia de las cumbres . Coincido en que hay demasiadas cumbres, no hay ninguna duda, y la nuestra es una más, aunque cuando uno valora las cumbres tiene que poner sobre la mesa el hecho de que, hoy, la diplomacia directa de los jefes de Estado es una forma de hacer diplomacia y de hacer política. Eso no es malo. Los europeos están todo el día viajando para encontrarse y discutir los temas que les preocupan. Eso es bueno. El hecho de que haya muchas cumbres es otra cosa, pero el principio general de discutir mirándonos a los ojos no es malo. En segundo lugar, se producen cosas concretas, se genera un estado de opinión en torno a un tema determinado, lo cual no es malo, y, además, se promueven esquemas de cooperación, que de alguna forma sirven para algo. Diría que si no fuera así, no sé qué podría ser el sustituto de las cumbres. Ahora, estoy de acuerdo en que hay que racionalizarlas, ordenarlas, pero tienen un sentido político, que es lo que pasa fuera de las declaraciones. Es decir, en las cumbres hay un contacto de tipo formal: ustedes van a ver en la cumbre de Mar del Plata que los presidentes tienen un plenario general donde discuten un tema y eso ya viene cocinado por muchos meses de negociación. No hay ninguna novedad en lo que va a salir como sustancia. Pero después almuerzan juntos y tienen toda una tarde para discutir los temas que eligen y eso se convierte en un intercambio de opiniones importante. Ese es el sentido de las cumbres. Quizá si no existieran habría que crearlas. Para algo sirven, sin perjuicio de reconocer que muchas veces son demasiadas. 

-Hay varios analistas y dirigentes que le endilgan una ideología neoliberal. ¿Es así?  

-Habría que ponerse a pensar qué se entiende por neoliberal. Si ser neoliberal es creer que el mercado tiene una función importante que cumplir, diría que sí. Si es creer que las fuerzas productivas se estimulan con un mercado eficiente, diría que sí. Ahora, si es creer que no tenemos que tener Estado, diría que no. Tenemos que tener mercado, pero tenemos que tener Estado. Y si algo demostró la crisis de los últimos tres años es que el mercado, solo, puede cometer grandes errores y meternos en grandes líos. Por tanto, tenemos que tener un Estado atento, que de alguna manera regule el mercado, se convierta en un habilitador de la sociedad y también sea compensador de los sectores más desfavorecidos. ¿A todo esto, en su conjunto, usted lo quiere llamar neoliberal, neointervencionista? No sé. En este momento, estas categorías son un tanto imprecisas y tienden a confundir más que a aclarar. 

-Usted se definió alguna vez como un “conservador progresista”…  

-Ser conservador en algunas cosas no significa ser reaccionario… Quizá algunos me llamen neoliberal porque he estado trabajado en un banco durante muchos años. Pero no me molesta, siempre que se entienda por neoliberal lo que acabo de decir. Lo que molestaría es que se entendiera otra cosa, como eso que a mí siempre me hacía rechinar cuando vivía en Washington: que no hay que intervenir porque el mercado lo hace mejor. No, lo hace mejor a veces, pero no siempre. Para eso hay que tener un Estado que esté presente. 

-¿Usted siempre pensó igual?  

-Sí, siempre creí mucho en una economía mixta. Además soy uruguayo y nuestro país se hizo al calor de una concepción de un Estado presente, a veces demasiado presente, y de un mercado que se ha ido perfeccionando con el tiempo. Es curioso: en otras partes del mundo este tema no constituye la esencia del debate. Todavía hoy estamos discutiendo los mismos temas que en los años cincuenta, cuando empecé a trabajar. 

-¿Por qué seguimos atados a eso?  

-No lo sé. Pero la cuestión no es discutir si el estado es grande o pequeño, eso cada país puede definirlo, aunque normalmente un Estado más pequeño comete menos errores. Lo importante es si el Estado es eficiente y, sobre todo, si no tiene impunidad. Es decir, si no tiene sanción, que es un poco en lo que se ha escondido muchas veces la ineficiencia del sector público y el derroche de recursos. No puede haber un Estado donde no haya sanción y accountability , es decir, responsabilidad frente a la sociedad sobre lo que se está haciendo y cómo se están gastando los recursos. 

-En la Argentina hay una inflación no reconocida por el Gobierno y que incluso ha hecho opinar a un sindicalista como Hugo Moyano que no es tan mala porque permite la movilidad social. ¿Qué piensa?  

-Eso se dijo siempre. La vida me ha enseñado que hay que tener cuidado con esa afirmación: el acostumbramiento a los mecanismos inflacionarios de los pueblos ha sido muy grande y luego vencerla es mucho más complejo. El período inflacionario de América latina fue muy triste. No sólo porque perjudicó al crecimiento económico sino porque fue un gran factor de desigualdad social. En última instancia, los que más pagan el pato son los de abajo. En ciertas circunstancias un poco de inflación puede ayudar, pero lo importante es deshacerse de ese flagelo cuanto antes. 

-¿Qué diferencias encuentra entre esta tarea en la Secretaría General Iberoamericana y sus años en el BID. ¿Extraña algo?  

-Tengo los mismos temas de antes, pero sin plata. (Risas.) Una cosa es, como decimos los argentinos y los uruguayos, con “guitarra”, y otra es sin “guitarra”. Pero es muy bonito lo que hago. 

-¿Tiene algún proyecto distinto, algo con lo que sueñe hacer, fuera de la Secretaría?  

-Quiero terminar esto, estoy ayudando en algunas cosas a mi país. Nunca me he ido de Uruguay, me siento profundamente uruguayo y estoy tratando de ayudar en proyectos culturales en Uruguay. También estoy tratando de crear una pequeña fundación para hacer cosas. Lo que me preocupa mucho en este momento es observar que no hay suficiente conciencia en nuestras sociedades de los desafíos que tenemos por delante. Estoy angustiado porque vamos hacia un nuevo mundo, con nuevas relaciones internacionales, con una nueva economía, con una nueva sociedad, que van a someter a grandes tensiones a la humanidad. Hay que estar enterado de esto y hay que pensar y reflexionar, porque el mundo que vendrá será bastante más complicado. 

-¿Por qué?  

-En materia internacional, estamos a las puertas de la más importante distribución de poder que hemos tenido por el ingreso del mundo asiático, que va a reclamar participación económica y política. Todo se va a hacer teniendo que conciliar cosmovisiones distintas. Nuestro mundo ha estado fundamentalmente orientado por los valores de la civilización occidental, y el mundo que vendrá va a tener que compatibilizar esos valores con los de otras cosmovisiones. Con muchos puntos en común, pero también con muchas visiones sobre la libertad, la democracia y los derechos humanos que causarán discrepancias. Conciliar eso para vivir en paz no va a ser fácil. 

© LA NACION
 

MANO A MANO

¿Qué mueve a un hombre de 80 años a vivir más en hoteles y en aviones que en su casa? ¿Qué lo motiva a pensar menos en escribir sus memorias y más en seguir trabajando y asumiendo nuevos desafíos? Enrique Iglesias es un apasionado que desde hace muchas décadas está rodeado de estructuras burocráticas sin haber quedado preso de ellas. Se le notan los tozudos genes asturianos y, especialmente, esa estirpe uruguaya que se caracteriza por la moderación y la cortesía. Es difícil rotularlo ideológicamente: su confesa condición de “conservador progresista” es rara, pero es la que mejor le calza. Esperaba a alguien con un discurso mucho más aséptico; en realidad me encontré con una personalidad comprometida, que esquivó críticas personalizadas pero brindó definiciones más categóricas que muchos políticos en campaña. Al hablar del papel del Estado y del mercado, dejó una frase de antología: “Todavía estamos discutiendo los mismos temas que en los años cincuenta”. Es obvio que no le gustan el chavismo y sus émulos regionales, pero es muy diplomático. Por eso su lapsus cuando le pregunté qué pensaba de los Kirchner: “No me haga pensar… perdón, hablar de ningún líder político”. 

ORIGINAL EN LA NACIÓN:

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1298895

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