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P R E N S A

R u e d e l a L o i , 1 7 5 B – 1 0 4 8 B R U S E LAS T f n o . : + 3 2 ( 0 ) 2 2 8 1 6 3 1 9 F a x : + 3 2 ( 0 ) 2 2 8 1 8 0 2 6

9815/10 (Presse 125) 1

ES

CONSEJO DE

LA UNIÓN EUROPEA

ES

Madrid, 17 de mayo de 2010

IV Cumbre Unión Europea-MERCOSUR

Comunicado conjunto

Madrid, 17 de mayo de 2010

El 17 de mayo de 2010 se ha celebrado en Madrid la Cumbre Unión Europea-

MERCOSUR. La Unión Europea ha estado representada por Herman Van Rompuy,

Presidente del Consejo Europeo, y José Manuel Durão Barroso, Presidente de la Comisión

Europea, con la participación del Presidente del Gobierno español y Presidente en ejercicio

del Consejo de la Unión Europea, José Luis Rodríguez Zapatero. MERCOSUR ha estado

representado por Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de la República Argentina y

Presidenta ‘pro tempore’ de Mercosur; Luiz Inacio Lula da Silva, Presidente de la

República Federativa de Brasil; Danilo Astori, Vicepresidente de la República Oriental del

Uruguay; Héctor Lacognata, Ministro de Relaciones Exteriores de la República de

Paraguay y Francisco Arias Cárdenas, Viceministro para América Latina y el Caribe de la

Repúlica Bolivariana de Venezuela, en fase de adhesión.

1. Los Jefes de Estado y de Gobierno han celebrado un debate sobre la situación en

ambas regiones y han informado a sus homólogos sobre la reciente evolución de sus

respectivos procesos de integración y sus situaciones económicas. Los mandatarios han

destacado la proximidad de los valores culturales, económicos y políticos que unen a

ambas regiones. Los mandatarios han destacado que, con una población conjunta de más

de 700 millones de personas, un PIB combinado y un intercambio comercial birregional de

aproximadamente 100.000 millones de euros anuales, la cooperación entre ambos bloques

crea ventajas recíprocas y genera efectos derivados a nivel mundial.

 

2. Con ocasión del reinicio de las negociaciones con vistas a un Acuerdo de

Asociación UE-Mercosur, los Jefes de Estado y de Gobierno han recordado la importancia

de las mismas a la hora de lograr un ambicioso y equilibrado acuerdo entre ambas

regiones, que llevaría a unas relaciones más profundas y ofrecería grandes beneficios

políticos y económicos para ambas Partes. Los mandatarios son conscientes de los

importantes esfuerzos que habrá que hacer y han insistido en que se comprometían

plenamente a emprender esas negociaciones. Ambas Partes han hecho hincapié en su

compromiso por tratar de llegar a una conclusión de las negociaciones sin demora. A

primeros de julio a más tardar tendrá lugar una primera ronda de negociación.

3. La Unión Europea y MERCOSUR han manifestado su compromiso a favor de

llegar rápidamente a una conclusión ambiciosa, general y equilibrada de la Ronda de

Desarrollo de Doha, y teniendo presente el papel fundamental del comercio internacional

como motor de crecimiento económico y desarrollo han reafirmado su compromiso a fin

de evitar el proteccionismo en todas sus formas.

4. Los Jefes de Estado y de Gobierno han destacado la importancia del diálogo

político entre las dos regiones. Se han mostrado de acuerdo en la importancia de

intensificar las consultas en los foros internacionales.

5. En consonancia con las conclusiones de la Conferencia ministerial Unión Europea-

América Latina y Caribe de Madrid, de 2010, sobre ciencia, tecnología e innovación, y

teniendo en cuenta las ya sólidas relaciones existentes entre las dos regiones en materia de

investigación y desarrollo tecnológico, las Partes han acordado explorar modos concretos

de lograr una cooperación más profunda e intensa sobre innovación y tecnología, en

beneficio mutuo.

6. Ambas Partes han destacado los avances logrados en la cooperación entre

MERCOSUR y la Unión Europea y la revisión intermedia del programa indicativo

regional.

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Roubini: “La crisis financiera es predecible como un

cisne blanco” 

 

Para el “Dr. Catástrofe” los gobiernos que han ayudado a las empresas

privadas se encuentran ahora necesitados de apoyo y recrean una

pirámide Ponzi

Roubini: La crisis financiera es predecible como un cisne blanco <!– ­
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Nouriel Roubini, presidente de Roubini Global Economics (RGE) se refirió en un nuevo artículo que reproduce elEconomista.es a la situación que está atravesando la eurozona.  

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“Una interpretación de las crisis financieras es que son, según palabras de Nassim Taleb, unos sucesos del estilo de un cisne negro; es decir, unos acontecimientos imprevistos y no planificados que cambian el curso de la historia.

Pero en mi nuevo libro sobre crisis financieras, Economía de la Crisis, que no abarca sólo la reciente crisis, sino también docenas de ellas que se han producido a lo largo de la historia tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes, demuestro que las financieras, por el contrario, son unos sucesos tan predecibles como un cisne blanco. Lo que ahora vivimos, la segunda fase de la crisis financiera mundial, también era previsible.

Las crisis son el inevitable resultado de una acumulación de riesgos y vulnerabilidades macroeconómicas, financieras y políticas: burbujas de activos, una adopción y un aumento de los riesgos excesivo, el auge de los créditos, la relajación monetaria, la ausencia de un control y una regulación adecuada para el sistema financiero, la codicia y las peligrosas inversiones de los bancos y otras instituciones financieras.

La historia también sugiere que las crisis financieras tienden a mutar con el tiempo. Las que hemos padecido últimamente fueron, inicialmente, promovidas por una deuda y un apalancamiento excesivo de los agentes del sector privado -hogares, instituciones bancarias y financieras, firmas corporativas-. 

Lo que, al final, propició un nuevo apalancamiento del sector público, ya que los incentivos fiscales, la socialización de las pérdidas privadas y los programas de rescate causaron un peligroso incremento de los déficits presupuestarios y de las existencias de deuda pública.

Aunque es posible que dichos incentivos fiscales y rescates hayan sido necesarios para evitar que La Gran Recesión se convirtiera en La II Gran Depresión, el hecho de amontonar deuda pública encima de la privada supone un alto coste.

Finalmente, estos enormes déficits y deudas deban ser reducidos mediante una elevación de los impuestos y una reducción del gasto público. Y esta austeridad, necesaria para evitar una crisis fiscal, tiende a ralentizar la recuperación económica a corto plazo.

Los PIIGS
Si los desequilibrios fiscales no se enderezan con los recortes del gasto público y las alzas de los ingresos, sólo quedan dos opciones: la inflación para los países que piden préstamos en su propia moneda y pueden monetizar sus déficits; o bien el impago para los países que pidan préstamos en una divisa extranjera o que no puedan imprimir su propia moneda.

Por consiguiente, los recientes sucesos acaecidos en Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España no son más que la segunda fase de la reciente crisis financiera mundial.

La socialización de las pérdidas privadas y el relajamiento fiscal destinado a la estimulación de las economías en plena depresión han desembocado en un aumento de los déficits presupuestarios y de la deuda pública. Por tanto, la reciente crisis financiera mundial no ha terminado; por el contrario, ha alcanzado una nueva fase más peligrosa.

De hecho, una definición práctica de la crisis financiera es un acontecimiento que obliga a las autoridades políticas a pasar un fin de semana intentando desesperadamente anunciar un nuevo paquete de rescate para evitar el pánico nacional y mundial antes de que el lunes abran los mercados.

En los últimos años, estos trasnochadores de fin de semana se ocuparon de los inevitables rescates de empresas privadas tales como Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac, Lehman Brothers, AIG, rescates de bancos, etcétera.

Y, por supuesto, estos dramas de fin de semana siguen presentes entre nosotros. Los legisladores de la UE y de la eurozona pasaron un fin de semana desesperado desarrollando un paquete de rescate no sólo para Grecia, sino también para otros miembros débiles de la eurozona. La progresión es clara: primero fue el rescate de las empresas privadas y, ahora, llega el turno de salvar a los rescatadores, es decir, a los gobiernos.

¿Más y más ayudas?
La escala de estas ayudas aumenta vertiginosamente. Durante la crisis financiera asiática de 1997-1998, Corea del Sur (una economía emergente relativamente grande) recibió lo que fue considerado como un gran paquete de rescate del FMI, por valor de 10.000 millones de dólares estadounidenses.

Sin embargo, tras los rescates de Bear Sterns (40.000 millones de dólares), Fannie Mae y Freddie Mac (200.000 millones de dólares), AIG (hasta 250.000 millones de dólares), el Programa de Ayuda a los Activos con Problemas para los bancos, conocido como Troubled Asset Relief Program (700.000 millones de dólares), ahora tenemos la madre de todas las ayudas: un flotador orquestado por el FMI y la UE para rescatar a los miembros de la eurozona en problemas por valor de un billón de euros.

Mil millones de dólares solía ser mucho dinero; ahora, un billón es la nueva cifra “normal” o, parafraseando la novela y película El diablo viste de Prada, ¡un billón es el nuevo 10.000 millones!

Los gobiernos que han ayudado a las empresas privadas se encuentran ahora necesitados de apoyo. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la voluntad política de Alemania y otros acreedores disciplinados (muchos de ellos se encuentran hoy en mercados emergentes) para financiar dichos fracasos se desvanece?

¿Quién ayudará entonces a los gobiernos que salvaron en su momento a las entidades financieras y bancos privados?

El mecanismo de nuestra deuda mundial se parece cada vez más a un esquema Ponzi.

Falta de austeridad
Mientras que la medicina adecuada y necesaria para evitar un descarrilamiento fiscal es ampliamente conocida, el principal problema para la disciplina y consolidación fiscal es que los débiles gobiernos de todo el mundo carecen de poder y voluntad política suficiente para implementar la austeridad.

El colapso político en Washington y en el Congreso de los Estados Unidos demuestra la ausencia del bipartidismo necesario para abordar las cuestiones fiscales estadounidenses. En Reino Unido, un parlamento colgado ha resultado en un Gobierno de coalición que tendrá un largo camino para la aplicación de la disciplina fiscal.

En Alemania, la canciller Angela Merkel perdió unas elecciones estatales clave tras el rescate a Grecia, y Japón cuenta con un Gobierno débil e ineficaz que parece negar la magnitud del problema al que se enfrenta. En Grecia, se producen disturbios en las calles y huelgas en las fábricas; en el resto de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia y España), la disciplina fiscal será política y socialmente dolorosa.

De forma que estos obstáculos políticos pueden impedir que la austeridad y las reformas estructurales se pongan en marcha.

En consecuencia, la economía de crisis parece que va a permanecer entre nosotros durante largo tiempo. De hecho, la reciente crisis no ha terminado y, peor aún, la medicina utilizada para tratarla ha resultado parcialmente tóxica.

Parece haber causado una mayor debilidad y adicción del paciente a medicamentos peligrosos, así como haberlo vuelto susceptible a las nuevas cepas del virus que, en algunos casos, han resultado fatales”.

 

art. original en iProfesional:

http://finanzas.iprofesional.com/notas/98799-Roubini-La-crisis-financiera-es-predecible-como-un-cisne-blanco.html

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LA SEMANA EN POCAS PALABRAS

La expansión de la demanda por encima de la capacidad de producción está generando una combinación de inflación y boom de importaciones. Las importaciones crecen a un ritmo del 33% anual en el primer trimestre y apuntan a absorber 1 punto del crecimiento de la demanda local en 2010.

La estrategia de impulso industrial, particularmente de sectores sustitutos de importaciones, está enfrentando tensiones crecientes. Producto de un tipo de cambio estable y una inflación local creciente, en el último año el peso se apreció 10% en términos reales.

La simple comparación con nuestros vecinos indica que la apreciación cambiaria tiene mucho camino por recorrer. En los últimos años, Argentina ha sido una rara avis en Latinoamérica. Con relación al dólar, el peso se encuentra 30% más depreciado que a fines de la Convertibilidad. En el promedio de la región, las monedas se encuentran 25% más apreciadas que en los inicios de esta década. ¿Por qué Argentina, que fue uno de los países más beneficiados por el boom de precios y productividad agrícolas, debería ser una excepción a esta regla?

En 2010, el peso se revalorizaría un 12% respecto al dólar, 13% respecto al Real brasilero y 30% respecto al Euro. Las proyecciones, claro está, dependen mucho de cómo se acomoden las monedas globales al nuevo contexto externo. Para 2011, el tipo de cambio real bilateral se acercaría al temido “1 a 1” de la Convertibilidad.

Este escenario comienza a presionar sobre la competitividad de muchos sectores industriales. En la primera línea de fuego están los textiles, calzados, juguetes, artículos de electrónica, máquinas y equipos y algunos proveedores de insumos industriales. Un dato a monitorear: los salarios industriales en dólares ya superan los niveles de 2001.

El impacto de la apreciación cambiaria difiere según regiones de acuerdo con el patrón de comercio bilateral. China y Brasil presentan las principales amenazas. En el caso de China, el 90% de las importaciones corresponden a productos industriales con cierto grado de elaboración y con presencia de competidores locales. En el caso de Brasil, 78% del comercio bilateral corresponde a manufacturas industriales. La devaluación del Euro, en este contexto, luce como un problema de segundo orden: 80% de las exportaciones son productos primarios y las importaciones están concentradas en artículos industriales de escasa competencia con la producción nacional.

Todo parece indicar que habrá que acostumbrarse a una variedad creciente de trabas a las importaciones.

CONTENIDOS

  • Traban Sancho, señal que nos apreciamos (pág.2)
  • La Marcha de los Mercados (pág.5)
  • Estadístico (pág.6 y 7)

Informe-semanal-87

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La revista catalana de pensamiento social
más leída en el mundowww.revistalafactoria.eu
ImprimirMayo – Junio del 2010 · nº 48

Proyecto Europa 2030: Retos y oportunidades

Felipe González, Vaira Vïke-Freiberga, Jorma Ollila, Lykke Friis, Rem Koolhaas, Richard Lambert, Mario Monti, Rainer Münz, Kalypso Nicolaïdis, Nicole Notat, Wolfgang Schuster, Lech Walesa

El Informe al Consejo Europeo del Grupo de Reflexión sobre ”PROYECTO EUROPA 2030: Retos y oportunidades” refleja el trabajo de un grupo de personas diversas con prioridades e intereses distintos. Es el resultado de prolongados debates y discusiones y como tal supone tanto un consenso como una transacción. No todas las propuestas cuentan con el apoyo de cada miembro del Grupo, pero cada miembro apoya la mayoría de sus contenidos. Del informe se extraen los dilemas en que se mueve la Unión Europea, pero se recomienda su lectura completa. (Abrir documento adjunto a este texto con el informe completo).

Las incertidumbres en que nos movemos han hecho difÌcil la tarea. Por eso basamos el análisis en las tendencias relativamente más fiables.

Lo que vemos no es tranquilizador para la Unión y sus ciudadanos: crisis económica global; Estados al rescate de banqueros; envejecimiento demográfico que afecta a la competitividad y al Estado del bienestar; competencia a la baja en costes y salarios; amenaza de cambio climático; dependencia de unas importaciones de energía cada vez más cara y escasa; o desplazamiento hacia Asia de la producción y el ahorro. Y todo ello sin contar con la amenaza del terrorismo, del crimen organizado o de la proliferación de armas de destrucción masiva.

¿Podrá la UE preservar y aumentar sus niveles de prosperidad en ese mundo que se perfila? ¿Será relevante para mantener sus valores y sus intereses?

Nuestra respuesta es positiva, si trabajamos juntos y desde ahora. Por separado no lo lograremos, porque los desafíos son demasiado grandes para enfrentarlos con éxito desde nuestros espacios nacionales. La Unión europea podrá ser agente del cambio, y no soportarlo pasivamente. A esa conclusión ha llegado el Grupo, que se ha beneficiado de las opiniones expresadas por personas e instituciones muy cualificadas.

Todos los miembros coincidimos en algo fundamental: que los europeos nos encontramos en un punto crítico de nuestra historia. Que para superarlo tenemos que movilizar las energías de todos, en cada nivel de la sociedad -responsables políticos y ciudadanos, empresarios y trabajadores- en un renovado proyecto común.

Desde el momento del mandato ha habido acontecimientos importantes como la crisis institucional provocada por el rechazo del Tratado de Lisboa, ya superada, y la gravísima crisis financiera que arrastró una recesión global de la economía.

Resuelta la primera, nos permite superar un largo periodo de introspección que estaba distrayendo la atención de la Unión hacia asuntos de mayor envergadura para nuestro futuro.

La segunda, producida por un mal funcionamiento de las instituciones financieras y por la falta de controles adecuados, sigue todavía entre nosotros. La situación de la UE, y por tanto nuestras reflexiones, se han visto afectadas por la crisis y sus graves repercusiones sociales, económicas y políticas. En este momento crucial, la Unión europea debe actuar con decisión, evitando repliegues proteccionistas.

Europa es la región más golpeada por una crisis que, aunque surgida al otro lado del Atlántico, ha puesto de relieve los problemas estructurales que venían detectándose desde hacía tiempo y que, de no enfrentarse ya, tendrán consecuencias dramáticas en el futuro.

La crisis aparece, pues, como el parte aguas en la historia de una nueva realidad mundial que se viene configurando hace más de dos décadas. Todo indica que habrá ganadores y perdedores en este cambio global, y si la Unión europea no quiere estar entre estos últimos, como viene ocurriendo, tiene que reaccionar ya, definir estrategias de reformas para el horizonte de los próximos 20 años, aunar fuerzas, movilizar recursos y pasar a la acción. En definitiva, superar la introspección mirando hacia fuera, hacia la nueva realidad global.

Hay que avanzar, pues, en las respuestas contra la crisis y conectarlas con las reformas de medio y largo plazo que necesita la UE. Hablamos de la Unión porque somos interdependientes, compartiendo un Mercado Único, una moneda única y un Pacto de Estabilidad y Crecimiento que obliga a los países del Euro.

Para salir de la crisis necesitamos mantener medidas anticíclicas, hasta que la economía despegue por sí misma, porque la máxima prioridad sigue siendo crecer y crear empleo. La Unión tiene que actuar, porque algunos Estados miembros han sobrepasado sus márgenes de maniobra con las obligadas operaciones de rescate financiero, con los gastos sociales y la pérdida de ingresos. Si aquellas se cortan a destiempo podemos retroceder. Asimismo, los Estados que tienen margen de maniobra han de asumir mayor liderazgo.

Necesitamos desarrollar sin dilación la gobernanza económica que nos falta para evitar los choques asimétricos derivados de la coexistencia de una moneda única y un mercado interior con distintas políticas económicas. Ni el Euro ni el Pacto de Estabilidad y Crecimiento están en la base de los problemas surgidos, pero no son suficientes para garantizar la convergencia económica. La Unión debe resolver las divergencias existentes entre Estados miembros, vigilando y corrigiendo las pérdidas de competitividad que reflejan los desequilibrios en balanzas de pagos y por cuenta corriente. Los criterios de convergencia deben incluir estos elementos y tenemos que disponer de un instrumento de estabilidad monetaria para afrontar crisis imprevistas.

Urge la reforma del funcionamiento de las instituciones financieras y de sus mecanismos de vigilancia y control para evitar que estemos incubando ya la próxima crisis. Salvo para cortar créditos a la economía productiva, nada ha cambiado en el comportamiento de las entidades financieras que nos llevó a la crisis. Sería deseable que las reformas se operaran en el G.20, pero es imprescindible, hasta que se consiga, que la UE tenga sus propias normas regulatorias y sus mecanismos de control y vigilancia. Los ciudadanos no permitirán otra operación de rescate como la que se ha hecho.

Para el horizonte 2020-2030, los europeos necesitamos una economía social de mercado altamente competitiva y sostenible, si queremos mantener la cohesión social y luchar contra el cambio climático.

Esto exige un programa ambicioso, con prioridades y método eficiente de aplicación, que supere la inoperancia del  Método Abierto de Cooperación y comprometa tanto a la Unión como tal, como a sus Estados miembros. Asumimos que la Estrategia 2020 presentada por la Comisión forma parte de este gran esfuerzo a realizar por la Unión.

Así, debemos abordar las reformas estructurales pendientes desde la Agenda de Lisboa y cambiar el método de aplicación de la estrategia que se decida, mediante un sistema de estímulos que obligue a todos a cumplir los objetivos que se marquen por el Consejo Europeo y las Instituciones de la Unión.

Hay que mejorar el capital humano, como la variable estratégica clave para insertarse con éxito en la economía global. El retraso acumulado respecto de los competidores es grave y debemos recuperarlo coordinadamente: los Estados Miembros movilizarán los recursos que se comprometan en I+D+i, en un esfuerzo que implique al capital privado, y deberán reformar el sistema educativo en todos sus niveles, incluyendo la formación profesional; la Unión, por su lado, debe actuar con sus instrumentos presupuestarios propios revisados y apoyarse en el Banco Europeo de Inversiones y el Fondo Europeo de Inversiones. Se debe estudiar la conveniencia de un recurso nuevo como la imposición sobre el carbono.

Hay que poner en marcha una política común  -interna y externa- en materia energética: con planes de ahorro y eficiencia en el consumo, del tipo de los previstos en la Estrategia Europa 2020; reforzando la capacidad de negociación de la Unión en su aprovisionamiento exterior; con la apertura de un debate serio sobre la necesidad de una energía nuclear segura; y con el estímulo permanente y ordenado al desarrollo de las energías alternativas.

Hay que mantener la vanguardia en la lucha contra el cambio climático: pero para ser más eficaces y relevantes a nivel mundial, hay que evitar lo ocurrido en Copenhague, pasando de posiciones comunes a una estrategia negociadora única que nos permita defender nuestros intereses ante los demás interlocutores con mayor eficacia.

Hay que enfrentar nuestro reto demográfico, que nos planteará problemas de competitividad y de sostenibilidad del Estado de bienestar. Resulta imprescindible para competir en la economía global y mantener nuestra sanidad y nuestras pensiones. Es necesario incorporar a más mujeres a la población activa ocupada, haciendo compatible trabajo y natalidad; estimular la prolongación de la vida activa y considerar la jubilación como un derecho; y tratar la emigración conforme a nuestras necesidades demográficas y productivas.

Hay que reforzar el Mercado Único para protegerlo contra las tentaciones del nacionalismo económico y ampliarlo a los servicios, la sociedad digital y otros sectores, llamados a ser motores esenciales de crecimiento y empleo en un mercado de 500 millones de usuarios y consumidores. Este refuerzo y esta ampliación del Mercado Único deben acompañarse de una mayor coordinación fiscal.

Hay que reformar el mercado de trabajo y modernizar el funcionamiento de las empresas: la revolución tecnológica exige cambios para aprovechar toda su potencialidad. Algunos países de la UE han avanzado reformas exitosas en flexiseguridad que debemos analizar y adaptar a nuestras realidades. Tenemos que asegurar la empleabilidad de los trabajadores y la adaptabilidad de las empresas en una economía en cambio constante. La mejora de la productividad por hora de trabajo es imprescindible y debe estar vinculada a las rentas percibidas, tanto directas como indirectas.

Para encarar estos retos no hace falta modificar el Tratado. Nuestro Informe, de acuerdo con el mandato recibido, no distingue entre los diferentes niveles competenciales en el seno de la UE ni precisa en cuál de ellos deben adoptarse las decisiones. No importa tanto quién haga qué, como que efectivamente se haga lo que hay que hacer. Y que se haga sin dilación. Con ello queremos decir que es urgente evaluar las prioridades presupuestarias y su suficiencia, sumando lo que destina la UE a políticas comunes y lo que se asigne por parte de los Estados Miembros al cumplimiento real de las prioridades que se acuerden. Objetivos ambiciosos, como los que necesitamos, con medios escasos como los disponibles y sin método exigente de aplicación, conducen a la frustración de las expectativas.

Para alcanzar todos estos objetivos el Consejo Europeo y el Eurogrupo tienen que reforzar su papel de liderazgo para conseguir las metas propuestas, en coordinación con la Comisión y en sintonía con el Parlamento Europeo.

Al tiempo que ponemos en marcha estas reformas, decisivas para nuestro futuro económico, tecnológico, social y medioambiental, tenemos que aprovechar a fondo todas las posibilidades del Tratado de Lisboa para desarrollar una política eficiente de aproximación a la ciudadanía; una política de seguridad interior y exterior; unas relaciones más sólidas con nuestros vecinos y una proyección exterior más clara y relevante para nuestros intereses.

El proyecto europeo ha de ser, sobre todo, el proyecto de los ciudadanos. Éstos tienen claro, a veces más que sus líderes, que a la UE y a cada uno de sus países les conviene ganar relevancia y eficacia hablando con una sola voz identificable con los intereses comunes en todas las materias que les afectan.

Los ciudadanos quieren que haya más coordinación en la lucha contra la criminalidad organizada y contra el terrorismo, porque saben que eso es más eficaz en nuestro espacio sin fronteras interiores y de libre circulación de personas.

Los ciudadanos ven que nuestro futuro de bienestar, desarrollo y seguridad está ligado al de nuestros vecinos, con los que debemos desarrollar una relación especial de cooperación, que responda a los intereses que compartimos.

Los ciudadanos saben que nuestra política exterior ganará en peso relativo y en eficacia si somos capaces de presentarnos como un bloque en defensa de nuestros intereses y valores y no en orden disperso de protagonismos de épocas ya pasadas.

Los ciudadanos quieren que la Unión Europea esté a su servicio y por eso esperan que sus derechos como tales los acompañen en todo el espacio de la Unión (portabilidad), en su dimensión social, civil, familiar o laboral. Sólo así sentirán próximas a las Instituciones y se sentirán representados.

Necesitamos, pues, aunar fuerzas en torno a la Unión, a través de acuerdos entre las Instituciones y los interlocutores económicos y sociales; y entre los diferentes niveles de poder  -nacionales, regionales y locales- que configuran nuestra realidad. Hace falta, sobre todo, un liderazgo claro y resuelto, con una sostenida capacidad de diálogo con la ciudadanía. El apoyo de ésta es básico en una situación de emergencia, como la presente, tanto por la dureza de la crisis y sus efectos en nuestra realidad social y económica, como por los cambios estructurales que debemos realizar para enfrentarlos y configurar el futuro que deseamos.

Los ciudadanos sólo van a entender, abrumados por la crisis que no provocaron, que se les digan estas verdades con claridad y que se les llame a compartir un esfuerzo de superación comparable al que levantó a la Europa libre después de la segunda guerra.

Felipe González Márquez, Presidente.
Vaira Vïke-Freiberga, Vicepresidenta.
Jorma Ollila, Vicepresidente.
Lykke Friis (hasta noviembre de 2009).
Rem Koolhaas.
Richard Lambert.
Mario Monti.
Rainer Münz.
Kalypso Nicolaïdis.
Nicole Notat.
Wolfgang Schuster.
Lech Walesa.

Informe entregado el mayo de 2010 al Consejo Europeo del Grupo de Reflexión sobre el futuro de la UE en 2030.

El informe completo puede leerlo en el documento adjunto.

gonzalez-48

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