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Impacto…

cashDomingo, 2 de mayo de 2010

Impacto…

 

 Por Fernando Krakowiak

La Televisión Digital Terrestre (TDT) ya está en marcha y está generando un nuevo mercado para la industria nacional. El miércoles 21 de abril, Canal 7 se convirtió en la primera señal argentina que se emite de manera regular con esta nueva tecnología. La transmisión se puede captar en Capital Federal y parte del conurbano, pero el dato pasó inadvertido porque en los hogares todavía no hay televisores digitales ni conversores que permitan adaptar la señal a los viejos aparatos analógicos. La migración será gradual, pues si bien la imagen que ofrece la TDT es de calidad óptima, la decisión de comprar un dispositivo para sintonizarla dependerá de cómo evolucione la oferta de contenidos. El Gobierno es consciente de esta situación y busca acelerar los tiempos con la construcción de 47 torres de transmisión para ampliar la cobertura a todo el país y la distribución de 1,2 millón de conversores entre las familias de bajos recursos. De hecho, más de treinta empresas ya están involucradas en distintos proyectos industriales vinculados con la TDT.

De este modo, se busca invertir el orden de los factores y que, una vez que se destrabe la ley de medios, sean los radiodifusores privados actuales y nuevos interesados los que se sumen ofreciendo contenidos en busca de audiencia. La tecnología de compresión digital de imágenes permitirá ofrecer hasta seis señales en el mismo espacio del espectro donde ahora se transmite una analógica. Un impulso adicional es la posibilidad de ver televisión a través de los celulares.

La fabricación de los conversores estará a cargo de tres grupos empresarios. Cometrans, la firma de Claudio Cirigliano; una Unión Transitoria de Empresas conformada por las pymes Microtroll de Rosario, Zoitron de San Martín, TRB de Córdoba e Inarci de Capital Federal; y la ensambladora Coradir, que tiene su fábrica en San Luis y cuenta entre sus proveedores a las firmas nacionales Novatech, Sei, Travini, Albano Cozzuol, Codesil, Quais y Alfagraf. Coradir, incluso, ya ofrece un decodificador a 700 pesos.

En el decreto 764, publicado el 15 de marzo, el Gobierno explicitó que los conversores deberán estar preparados para captar definición estándar y alta, tener un canal de retorno para permitir la interactividad y contemplar la integración del middleware Ginga, un software abierto creado por un grupo de universidades brasileñas que fue mejorado y adaptado al país por el Laboratorio de Investigación y Formación en Informática avanzada de la Universidad Nacional de La Plata.

El conversor es de alta gama. Contiene entre 400 y 600 componentes electrónicos, importados en su mayoría de China. No obstante, el diseño de la placa sobre la que se montan es nacional y a ese diseño se le agrega software también de origen local, que se programa sobre el Ginga, para aprovechar las funcionalidades de los microprocesadores. Además, el equipo incluye otros componentes básicos, como el gabinete y los cables, que son fabricados en el país. Las tareas de diseño, el testeo de los componentes importados y el armado final de los conversores demandará la incorporación de miles de trabajadores calificados, sobre todo a medida que la producción adquiera mayor escala y se realicen más aportes nacionales a esos desarrollos. Por ejemplo, la intención oficial es que en el futuro también se pueda diseñar el circuito integrado en el país. “Se puede diseñar un chip, aunque luego se fabrique afuera. Hacer el diseño abarata los costos. Además se avanza en la apropiación de la tecnología y es esa apropiación la que luego permite innovar”, afirmó a Cash Emmanuel Jaffrot, investigador de la Universidad Nacional de San Martín y asesor del Ministerio de Planificación.

Además de los conversores, se fabricarán televisores con el receptor digital incorporado para aquellos hogares que estén dispuestos a pagar más dinero para captar la TDT sin tener que instalar un aparato adicional, pero en ese caso no habrá demanda oficial. La producción estará a cargo fundamentalmente de las firmas radicadas en Tierra del Fuego, entre las que se destacan Newsan, Radio Victoria, BGH y Brightstar.

El Gobierno también encargó la construcción de 47 torres de transmisión. Veinticinco ya se están construyendo y el resto quedará para la segunda parte del año. De ese modo, se ampliaría la cobertura potencial al 75 por ciento de los hogares del país. En 2011 se prevé elevar ese porcentaje al 95 por ciento, mientras que al 5 por ciento restante de los hogares, ubicados en localidades remotas, se le brindará sólo cobertura satelital. Las torres son estructuras metálicas de entre 72 y 150 metros y su construcción está a cargo de las empresas Guzman Nacich, Machain y Gamma. Además, se construirá una torre adicional en Avellaneda donde se instalarán los equipos que actualmente están funcionando en el edificio que comparten los ministerios de Desarrollo Social y Salud, sobre la avenida 9 de Julio. El ministro De Vido firmó la semana pasada un convenio con la Sociedad Central de Arquitectos, que se hará público mañana en el Foro Internacional de Televisión Digital, que prevé la realización de un concurso para seleccionar el diseño que tendrá la Torre del Bicentenario, la cual podrá ser compartida por todos los radiodifusores y también tendrá como objetivo apuntalar la urbanización a la vera del Riachuelo.

Sobre esas torres se montarán los equipos transmisores. En la Ciudad de Buenos Aires se está transmitiendo actualmente con un equipo donado por el gobierno de Japón como parte del acuerdo que supuso la elección de la norma digital ISDB-T, pero en las próximas torres se instalarán transmisores de las multinacionales Harris y NEC y de las pymes cordobesas Ditel, Consulfem, LIE y Edinec, que se asociaron para realizar un desarrollo conjunto y aprovechar la oportunidad de negocios que brinda este nuevo avance tecnológico.

Otro insumo que se va a requerir son las antenas. En ese caso, los principales proveedores son la australiana RFS, la española Rymsa y las firmas locales Antemont y Consulfen. También se demandarán shelters (las construcciones metálicas donde se alojan los transmisores), grupos electrógenos, cables y otro conjunto de accesorios.

Otro sector que se revolucionará con la llegada de la TDT es el mercado de celulares, pues la norma japonesa permite que la señal televisiva sea captada por los móviles de manera gratuita, sin tener que pasar por la red de las telefónicas. Por lo tanto, en los próximos meses miles de consumidores se verán tentados a cambiar su equipo para ver televisión cuando están fuera de sus casas. Samsung y LG tendrán listo para el Mundial de Fútbol de Sudáfrica una primera tanda de 30.000 celulares que costarán entre 800 y 1000 pesos, y Motorola se sumará luego, pues ya cerró un acuerdo para comenzar a producir estos dispositivos en Tierra del Fuego. Incluso se podrá ver televisión abierta en pequeñas pantallas que se podrán colocar en los autos para que sean vistas por quienes viajan en los asientos de atrás. De hecho, todo el trayecto de la Ruta 9 que une Buenos Aires con Rosario tendrá cobertura garantizada en los próximos meses. También se está trabajando para instalar los nuevos dispositivos de recepción en las estaciones de trenes y en los colectivos.

La implementación de la TDT está generando un enorme mercado que hace seis meses no existía y que también impactará en la ocupación. En el Gobierno estiman que todos estos desarrollos industriales podrían ayudar a crear unos 200 mil empleos directos e indirectos, los cuales en su gran mayoría serán de alta calificación.

Industria

Televisión

-La Televisión Digital Terrestre (TDT) ya está en marcha y está generando un nuevo mercado para la industria nacional.

-Más de treinta empresas están involucradas en distintos proyectos vinculados con la TDT.

-Se estima que los desarrollos industriales para atender ese negocio podrían ayudar a crear unos 200 mil empleos directos e indirectos. La mayoría serán de alta calificación.

-Otro sector que se revolucionará con la llegada de la TDT es el mercado de celulares, pues la norma japonesa permite que la señal televisiva sea captada por los móviles de manera gratuita.

original en CASH:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4278-2010-05-05.html

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Brian Thomson – 2003 (Revisado 2010)

 

Gobernanza [1] y Gobernabilidad[2]:

En todos los países de ALyC, y en particular en Argentina, se puede decir que la gran búsqueda política del S.XIX consistió en intentar salir de las condiciones de ingobernabilidad que significó el fin del Imperio Español, mediante la construcción de nuevos instrumentos de gobernanza: constitución, estado, leyes, administración normada, etc. Los eventos de los últimos decenios del S.XX  han llevado al deterioro de las condiciones de gobernanza en la mayoría de los países de ALyC y han traído como efecto el deterioro paralelo de las condiciones de gobernabilidad como consecuencia de comenzar a entrar en lo que se ha llamado un mundo de “imperio sin colonias”[1] (salvo cuando sean “necesarias”, como en Irak)  eufemísticamente conocido como “la globalización” (la de ellos, no nuestra).

El concepto “la globalización” por un lado esconde las verdaderas raíces de un nuevo imperio que hoy finalmente se manifiesta abiertamente con su cara de neo-intervención militar (sin obviamente decir que esta también es “la globalización”), pero, eso sí, “solo” para lo que llaman “cosas buenas” (en el siglo XIX “la civilización”): garantizar los derechos humanos, la democracia y la libertad del mercado.  Su otra cara, la cara de imperio económico, en el s. XIX  venía en el mismo paquete que el dominio militar (perdón, “la civilización”) pero entonces definido como la “libertad de comercio”, pero, hoy se manifiesta abiertamente y con orgullo como “la globalización”. Esta cara se nos presenta como una fuerza de la “naturaleza” de las transacciones económicas y no como lo que es, un esquema de poder con actores y gobiernos responsables que se escudan en una visión de legalidad positiva de mercado.

Consecuentemente la falta de gobernanza y la falta de gobernabilidad de ALyC, desde la perspectiva de los grandes centros de formación de ideas del “norte”, primero se disocian entre sí (…”los países de ALyC no tienen buena gobernanza porque son culturalmente ingobernables”, son “untidy” [desordenados]) y segundo se disocian de sus causas efectivas, que no existen a favor o en contra de ninguna política, porque estas son neutrales, corresponden solo a la naturaleza de las cosas, que algunas sociedades superan porque su cultura es gobernable y en consecuencia, desde allí se construye una buena gobernanza.

Nosotros rechazamos esta afirmación y nos atrevemos a plantear una humilde hipótesis como respuesta. La crisis política del s. XIX fue una crisis de construir instrumentos de gobernanza para salir de la ingobernabilidad, como consecuencia de la “salida” de un imperio. Hoy, la crisis se caracteriza por comenzar con la destrucción de las capacidades de gobernanza de nuestros estados, dirigiéndolos hacia una creciente ingobernabilidad como consecuencia de nuestra “entrada” en un imperio. Pero la más importante diferencia de situaciones es que en el s. XIX sabíamos de donde “salíamos” y teníamos una utopía hacia la cual queríamos llegar, mientras que hoy “entramos” en un imperio sin darnos cuenta y la única utopía de la mayoría de nuestros dirigentes empresarios y muchos dirigentes políticos es adoptar la utopía del propio imperio.

Hoy los síntomas de la crisis de la gobernanza se manifiestan en la incapacidad de nuestros estados de cumplir sus funciones mínimas. La crisis de la gobernabilidad se manifiesta en la declinación de los movimientos políticos de masa que nacieron al calor de la gobernanza construida en el s. XIX y principios del s. XX. Estas condiciones han abierto el camino a una nueva política de tipo personalista y han quebrado la capacidad de resistir, de manera políticamente organizada, las acciones de grandes grupos económicos que deterioran la capacidad de diseñar y aplicar políticas económicas y sociales nacionales. Frente a la monopolización financiera y comercial que se produce desde las condiciones externas se presenta una fragmentación de los resortes de la política. Este deterioro se derrama sobre los niveles de gobernanza federales (en países donde existen) y locales, multiplicado la ingobernabilidad de la crisis.

Frente a estas condiciones consideramos que las apelaciones dirigidas al tema de mejorar el “governance” en ALyC, que se efectúan desde las IFIs y algunos gobiernos (especialmente cuando se trata de las acciones de sus empresas en algún país de ALyC), son primero equivocadas y segundo cínicas.  Equivocadas, porque durante la desaparición de un imperio existen las condiciones de construcción de una gobernanza nueva. Durante la aparición de un imperio, sin colonias, que separa sus responsabilidades económicas de sus responsabilidades políticas, es imposible construir una gobernanza nueva desde un estado porque las condiciones externas, por su escala, son demasiado erosivas de la gobernabilidad que lo posibilitaría. Estamos en un no-sistema que Stieglitz denomina “global governance without global government” (gobernanza global sin gobernabilidad global).[2] El ejemplo del embargo a Cuba por tratar de construir su gobernanza fuera del ámbito permitido, independientemente de las opiniones sobre deficiencias en su gobernabilidad, es más que claro. Cínicas porque cuando las IFIs hablan de “governance” (falsamente inclusivo de los conceptos de gobernanza y gobernabilidad) están hablando de un concepto que se dirige, y se ha dirigido, a instalar las condiciones institucionales, dentro de nuestros estados, para el logro del proyecto globalizador que ellos representan. En la práctica política las IFIs cumplen hoy el rol que cumplían los ejércitos coloniales de los ss. XVIII y XIX, que garantizaban, por la acción directa, las condiciones de una nueva gobernanza en territorios anexados en beneficio del imperio económico. [3] En estas condiciones no nos servirán de nada el movimientismo político tipo “oposición coordinada”, como se está demostrando en Argentina, si no existen canales de sustentación, léase gobernanza, que hagan que la oposición pueda construir principios de gobernabilidad. También en estas condiciones ALyC, y Argentina, corren el serio riesgo de perder su historias.

Es más que probable que será, llevada a ello por el temor a perder sus supuestas condiciones de vida privilegiadas de  una ideológicamente atrapada clase media. Esta pasaría de haber sido en el pasado precursora de democratizaciones, para hoy  cumplir el papel del rehén útil, repitiendo, en su nueva pupación, la historia de los cipayos de la India. Léase el reciente voto a Recrear y a Menem de gran parte de la clase media, media alta y alta y el apoyo que  recibió Macri en la Ciudad Autónoma. Es obvio, entonces, que la única forma de evitar este “destino menor” es realizar hoy el sueño bolivariano de unidad continental, porque ahora existen las condiciones físicas, de comunicación, de experiencias de integración regional y de consenso político incipientes, para hacerlo posible.

Esto comienza en la Nación por reconocer la necesidad de una construcción política nueva que recupere todas las construcciones progresistas del S.XX. Reconocer que no se construye justicia ni solidaridad sin un proyecto político, precursor de un proyecto socioeconómico, que se dedique a cuestionar primero la gobernanza y la gobernabilidad de su propio partido político como paso previo a la construcción de una nueva gobernanza y gobernabilidad nacional. Y, estas condiciones solo son posibles si partimos de un diagnóstico correcto de la nueva realidad y le devolvemos el valor ético a las palabras y acompañamos a las mismas con conductas consecuentes. Solo así se puede “doblar pero no romperse” la convicción que determinara la nueva picada.

Esto comienza en el continente, como comenzaron los estados nuevos americanos en el s. XIX, por una declaración de independencia y la formulación de una constitución. Ante estas necesidades, hay que revisar el rol de la OEA porque, tal como existe hoy, solo puede cumplir el papel de Caballo de Troya. Es como si la UE se hubiera constituido con los EEUU como miembro fundador. La OEA, reformada, sí puede cumplir un rol como foro de negociación de nuevas relaciones políticas continentales y sus contenidos humanistas. Pero para todo lo que aquí analizamos, ALyC debe comenzar por crear las instituciones políticas de la gobernanza regional que posibilitará la construcción de gobernabilidades económicas y sociales nacionales.

El equivalente del tiempo disponible ante un imperio en desaparición, es, ante un imperio emergente, la construcción de una presa que alargue el flujo del poco tiempo políticamente disponible, a comienzos del s.XXI, hasta que se logren las condiciones de gobernanza continental que cobijen nuevas gobernabilidades nacionales. Si solo se insiste en transitar el camino de la unión aduanera e integración económica parcial, a la cual los intereses de algunos y la inconsciencia política de otros nos están llevando, caeremos en la trampa del ALCA. Por ello insistimos: lo primero que hay que construir es una gobernanza política continental. Este enfoque también llevaría a la reducción de las posibles tensiones económicas con la UE, con lo cual este miembro de la Cuenca Atlántica se podría transformar en un aliado de un intento de construcción de una nueva gobernanza política regional en ALyC.


[1]              Término acuñado por Harry Magdoff en su reciente libro homónimo.

[2]               p. 21, Joseph E. Stieglitz, “Globalization and its Discontents”, W. W. Norton & Co., New York – London, First Edition, 2002

[3]               La acción de la “coalición” en Irak es un ejemplo más típico de la “viejísima” práctica europea de los ss. XV y XVI en América (hoy Latina), donde la conquista militar precedió la sujeción económica. Naomi Klein llama a esto la estrategia de “Shock and Awe” (Conmoción y Pavor) en su último libro, según se aplica hoy. Esta también fue la real naturaleza del intento militar de la Bahía de los Cochinos, y de Vietnam hace poco más de 40 años. Ambas justificadas por motivos ideológicos, y ambas fallidas porque las circunstancias de época no estaban maduras. Hoy lo están. Pero estas acciones son la excepción a la regla. La regla siempre fue tomar la vía facilitada: modificar las condiciones de gobernanza por medio de la penetración económica, degradar luego la gobernabilidad, y luego intervenir políticamente con la excusa de contribuir a mejorar la gobernanza. Napoleón decía de los ingleses que para anexar un territorio, primero enviaban a un comerciante, después enviaban a un pastor para cuidar las necesidades espirituales del comerciante y, cuando los “nativos” se rebelaban por esta penetración cultural, mandaban un ejército con la excusa de proteger al pastor. Hoy está pasando lo mismo en los pasos que acabamos de describir. La nueva gobernanza se enmascara en los indicadores sociales del Milenio.


[1]           Real Academia Española: Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.

[2]           Real Academia Española: Cualidad de gobernable.

original en W:

Gobernanza y Gobernabilidad-BT

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La ley Heller

La ley Heller
Por Carlos Leyba Una mirada crítica sobre el nuevo proyecto para legislar la actividad de las entidades financieras

 
 
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El grupo de legisladores utodenominados de izquierda, que conduce Carlos Heller, presentó una ley de “sistema financiero para el desarrollo”.
Según los dos primeros artículos no pretende sólo regular las entidades. Primer objetivo: “Promover el acceso universal a los servicios financieros”. El capítulo “Democratización de los Servicios Financieros” establece que el BCRA listará “Servicios Esenciales” para sectores de menores ingresos (hasta gratuitos); pero “las entidades tendrán el derecho de no brindar el servicio” por “consideraciones de riesgo”. El BCRA integrará, con aporte obligatorio de entidades, un Fondo Compensador a distribuir entre ellas sobre la base del volumen de “servicios esenciales” y “la cantidad de sucursales en zonas de menor densidad poblacional y desarrollo económico social”. Mirando las sucursales de bancos provinciales privatizados, ¿hacia dónde irán esos fondos?
La mejor intención naufraga si no se explicita de dónde viene el sistema. Este Fondo y lo que le sigue en la ley, no pueden sustituir lo central en el rediseño del sistema: no hay banca de fomento provincial o regional. No se “democratiza” sin “federalizar”.
La banca de fomento fue fagocitada por las reformas de mercado y privatizaciones de los noventa, el proyecto no menciona la necesidad y no “reforma el sistema”: no crea ninguna entidad de fomento, ni de desarrollo, que no pueden existir sin recursos públicos y todo sigue en términos de mercado. Pero enuncia varios tipos de entidades. Tampoco regionaliza los directorios de los bancos públicos, ni pone ese acento en los privados de alcance nacional. Pero la centralización porteña “desfederaliza” y “desdemocratiza” el crédito.
La ley establece un mínimo de 38 por ciento del crédito al sector privado, para micro, pequeñas y medianas empresas y un dos por ciento a microemprendedores. ¿En qué condiciones podrán acceder al crédito? ¿Dónde quedan los consumidores que hoy representan la “flor y nata”? ¿Redireccionamiento del crédito desde el consumo hacia la producción?La norma da dos años para transformar este sistema.¿Es igual la plataforma que se requiere para despachar consumo que para pymes? ¿Y Basilea? ¿Nueva definición de sujeto de crédito?¿La ley pone a las entidades en función social? ¿Sugiere algo como Responsabilidad Social Empresaria? ¿Qué función principal debe cumplir el sistema financiero?
Segundo objetivo: “Fortalecer el ahorro nacional mediante productos financieros acorde a las necesidades”. La Corte Suprema acaba de derribar el intento de ir contra la desindexación de la convertibilidad. La convertibilidad era la quinta esencia del ancla cambiaria para frenar la inflación que, sumada a la libre importación y al endeudamiento, provocaba la baja de los precios (¡otra que estabilidad!) mediante la importación (déme dos) y pago mañana (deuda). No apuntaba a la estabilidad por productividad de producir acá sino por la “productividad de comprar afuera”. Quebró la industria, desempleo y pobreza, con estabilidad. La indexación era inútil. Pero gracias a la ruptura de la convertibilidad volvió la producción local y por la escasa productividad  (falla de inversión de la política económica) también volvió la inflación. No hay producto financiero robusto en pesos que resista el temor a la inflación: la mayor parte del ahorro local es en dólares y afuera. ¿Se puede ignorar este problema en una reforma de la “actividad financiera” que se dice para “fortalecer el ahorro”? Esta pregunta no sería pertinente respecto del proyecto si éste se limitara a entidades y no se llamara “servicios financieros para el desarrollo económico y social” y no explicitara objetivos “de política” sin procurar instrumentos. Las leyes son reglamentos sólo si siguen a la política, y no al revés.
Otros objetivos: “financiamiento productivo”, “crédito para la vivienda y el consumo, distribución regional y estabilidad del sistema. En definitiva el articulado, con las excepciones mencionadas y otras “modernas”, como “defensa del  usuario y de la competencia”, básicamente regula a las entidades. En este plano tiene prohibiciones y los permisos lo remiten a la discrecionalidad del BCRA.
Con razón, algunos de los críticos tempranos del proyecto, anunciaban que lo que se establece en la ley, si hubiera voluntad política del Gobierno, el BCRA lo habría instrumentado porque para casi todo está habilitado. Esto revela que, al menos hasta hoy, el oficialismo no entendía necesario esos criterios. Por ejemplo, toda compra de entidades debe ser autorizada por el BCRA. En el período K se ha llevado a cabo una política de simpatía con la concentración bancaria. La ley Heller establece, para las entidades privadas, un límite máximo de ocho por ciento del subsistema privado (depósitos y créditos). El BCRA de la era K, con autorización de adquisiciones (o absorciones) o con la política de restricciones al ingreso -por acción u omisión- tiende a la concentración. Comentario: dada la tendencia a la concentración existente en el sistema (el capitalismo en general y las finanzas en particular) y las trabas que el BCRA impone a nuevas empresas, el proyecto establece, en el límite, un mínimo de doce entidades privadas.
En toda ley hay una puesta en práctica que responde a la concepción dominante en el ente regulador. “El discurso” (y todo proyecto lo es) en la medida en que es un acto aislado, que no surge de una concepción profunda de política compartida en los estamentos ejecutores, opera como un “telón” que protege a la práctica inversa a lo que postula el discurso. Es lo que sucede, en general, en los organismos reguladores de servicios públicos en manos de concesionarios privados. Energía, comunicaciones, transporte; y allí donde quiera el ciudadano  interrogarse acerca del “servicio público”, difícilmente encontrará un organismo de regulación o control que ejerza como tal respecto del interés público. Reservas energéticas, precio de los combustibles, de los celulares, estado de los trenes, etcétera, hacen recordar que detrás de cada uno de estos servicios hay una autoridad del Estado que  realiza su práctica con un resultado no demasiado diferente al que podemos recordar de la década de los noventa, en que la doctrina era dejar librado el servicio a la “capacidad” de los concesionarios. 
Este proyecto dice que la actividad financiera “es un servicio público”. Entonces las entidades son concesionarias. Definición que compartimos. Es un paso adelante que requiere definir que las entidades son concesionarias que prestan un servicio a la comunidad, ocupando un lugar delegado y supervisado por el Estado. Son brazos de una política cuyo cerebro no son los directorios de las entidades sino la política económica traducida por el BCRA. Eso es lo que “esencialmente” cambió la dictadura: pasaron de ser concesionarios de servicio público a “empresas de la industria financiera”.
Las leyes de entidades y la práctica del BCRA, anteriores a la dictadura y al predominio del sistema financiero en la política económica, hacían del sistema, en la práctica, un prestador de servicios públicos orientado por la política económica; y eso aun sin la nacionalización de los depósitos. 
Finalmente, el proyecto define “nacional y extranjero” por el límite de treinta por ciento de capital. Las entidades de capital nacional sólo deberían ser aquéllas ciento por ciento nacionales: en bancos no hay aporte tecnológico extranjero. En entidades financieras toda participación es un mecanismo de control externo insalvable. Nacionales unos. Extranjeros otros. Y ambos con la misma responsabilidad patrimonial: con las mismas exigencias. Pero más que el cambio reglamentario, seguramente importante, lo significativo y pendiente es cuál sistema y para qué. El actual (aun con cambio en la reglamentación de entidades) no sirve al desarrollo de la producción. Prueba: fuga de ahorro y su deriva ausencia de crédito para invertir. Tasas de interés de expoliación para todos y en especial para los consumidores. Y se dice que el “sistema está sano y sólido” y claramente ninguno de estos problemas los resuelve el mercado. No lo hizo hasta ahora.
Ante el mérito de la elaboración de un proyecto, cuando la ausencia de propuestas es dominante, es importante señalar que la crítica basada en que toda construcción requiere un plano explícito que le dé sentido a las partes y que el continente sólo tiene el valor del contenido, no es maximalismo o escepticismo desestimulante: es para ubicar, y eso es contribuir.
Este proyecto es un aporte a la discusión; y debe servir como disparador para debatir la cuestión de fondo: el proyecto de desarrollo nacional del que el sistema financiero es sólo una herramienta que debe ser modelada a partir de ese proyecto.
Paradójicamente, de la dictadura para acá la ausencia de proyecto nacional hizo que el proyecto implícito haya sido el de los intereses financieros. Terminar con eso es la nueva ley aún no proyectada.

 

art original en la revista DEBATE:

http://www.revistadebate.com.ar//2010/04/29/2844.php

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JAVIER DEL REY MORATO: SOCIOLOGO,

PROFESOR DE CIENCIAS DE LA

INFORMACION

“Los políticos siguen enredados en

los viejos juegos de lenguaje”

Internet, dice este académico español, cambió los modos de la comunicación política, pero no todavía los contenidos y maneras de argumentar y vincular a los ciudadanos con la vida política.

Por Fabián Bosoer.

Las nuevas tecnologías de la comunicación y sus usos -páginas web, blogs y bloggers, foros y redes virtuales, correo electrónico, chat y chateos, Facebook y ahora Twitter- abren nuevos espacios y canales de participación, y también nuevos campos de expresión y de disputas. Vemos replicadas, en ese ciber-espacio o “blogósfera” las cuestiones y debates clásicos de la democracia: nuevas formas de libertad, pretensiones de control y una interminable oferta de evasión y entretenimiento. Javier del Rey Morato, doctor en Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, lo llama “la tríada de la posmodernidad internáutica”. Mientras las sociedades se deslizan de la teledemocracia a la ciberdemocr@cia, dice, los políticos siguen jugando los viejos juegos de lenguaje y simulacro.

Del Rey Morató, uruguayo de nacimiento, español y rioplatense cosmopolita por adopción, es además de catedrático, autor de varios libros, entre ellos “La comunicación política”, “Democracia y posmodernidad”, “El juego de los políticos” y “El naufragio del periodismo en la era de la televisión”. No tiene blog propio, pero dedica su tiempo a navegar, escribir y debatir en foros virtuales. Estuvo en Buenos Aires, invitado por el Instituto Universitario Ortega y Gasset al seminario “Comunicación política para gobiernos locales”.

¿De qué modo cambió la comunicación y la participación política el uso de Internet?

La comunicación política está llegando quizás un poco tarde y tímidamente, en algunos países un poco más tarde que en otros, a la transformación que significó este nuevo espacio de interacción social como lo es el mundo de Internet, la “blogósfera” y sus múltiples usos. Y como llega con retraso, lo hace predominantemente utilizando las tecnologías de finales del siglo XX y principios del siglo XXI con las rutinas de ayer. Lo vemos en cómo comunican la mayoría de las instituciones. Se sigue utilizando Internet y la web más como un tablón de anuncios electrónico o una vidriera, como quien pega una noticia en la pared o monta una vistosa cartelera, y son páginas muchas veces estáticas, no siempre puestas al día, de escaso interés semántico y poco atractivas estéticamente. Lo mismo pasaba al principio con los partidos políticos, aunque se fueron despabilando más; crearon páginas más dinámicas, con salas de prensa interactivas en las que el internauta puede participar, con chat, informes y dossiers, materiales que pueden interesar al periodista, selección de buenas fotografías, además de la propaganda, claro.

Estamos hablando de una herramienta que ofrece otras maneras de comunicar, ¿cambian también los contenidos y mensajes?

Es una herramienta que es una suma de tecnologías: más que un medio es una plataforma multimedia, en la que hay de todo. Están los antiguos medios y las nuevas expresiones, está el comercio lícito e ilícito, las buenas ideas y las peores. Y no vienen jerarquizadas, es uno quien frente a la pantalla tiene que construir su escala de intereses y relevancias cada vez que aprieta su mouse o elige por dónde navegar, dónde detenerse y dónde intervenir con su mensaje. Quizás lo que marca aún más el cambio es la generalización del video como herramienta de comunicación. Tenemos allí en ciernes un cambio tal vez tan radical como el provocado por la irrupción de la televisión. Alguien dijo alguna vez que la televisión no instaura abstracciones en nuestra mente sino personajes en nuestro corazón. E Internet yo creo que lleva a una mayor personalización de la política, porque se ofrecen videos, se expresa en un lenguaje de cierta intimidad, como si hablara con una sola persona, en tu propio despacho, en tu ordenador; es una situación de recepción nueva, sobre cuya eficacia en cuanto a los efectos es difícil sacar conclusiones. Pero es novedosa y está destinada seguramente a producir cambios también en los contenidos y los mensajes.

Algunos oficios también cambian, periodistas y políticos, por ejemplo?

Obviamente, los periodistas deben ser mucho más dúctiles, echando mano a múltiples recursos y con una mayor competencia y exigencia en esa realidad que fluye como torrente y que deben jerarquizar en tiempo real. El oficio de político también va a tener que cambiar. Van a tener que idear nuevas formas expresivas y yo diría, retomando una categoría de Wittgenstein, “nuevos juegos de lenguaje” para nuevos auditorios. Porque cuando surgen nuevos auditorios en la historia necesariamente tienen que surgir nuevos tipos de emisores y de mensajes. La actual generación de dirigentes políticos todavía no está suficientemente familiarizada con Internet: aprenden a través de sus hijos o su personal y siguen enredados en los viejos juegos de lenguaje.

¿Cómo concebir el ciberespacio en clave de comunicación política: un ágora virtual, mercado libre de ideas e intercambios, un nuevo “Tercer Estado” de la posmodernidad, apertura a una democracia más participativa o simple extensión de los espacios tradicionales de la comunicación social?

Hoy por hoy, me quedo con la metáfora del caos. Es una suma de individuos que se acercan al ordenador a tomar sus decisiones, la mayoría de las cuales, no nos engañemos, son irrelevantes desde el punto de vista político. La relevancia de esa forma de participación ocurre por momentos, irrumpe en la escena en determinadas situaciones, cuando se crea el imaginario de un “mini populus” informado, activo, una masa crítica audaz, que no tiene por qué identificarse con la totalidad de la sociedad pero se muestra como minoría organizada. Algo de eso hubo con el fenómeno Obama y sirvió para sacudir y renovar a la anquilosada política de partidos.

¿Le puede ahora pasar a Obama lo mismo desde la derecha, con el movimiento del “Tea party”?

Creo que el “Tea Party”, tal y como lo vemos funcionar en estos días en EE.UU. pone de manifiesto también cómo las nuevas formas de participación no significan necesariamente un avance en el mundo de las ideas o deban llevar de por sí una marca progresista. Lo que hace la tecnología de Internet es actualizar el debate sobre la moderna poliarquía, abierta a la movilización ciudadana, con todos los beneficios y riesgos que ello comporta: desestabilización, incapacidad del sistema para absorber los nuevos “inputs” -las demandas, que encuentran otra puerta de entrada en el sistema-, participación no prevista por los partidos, ni los gobiernos. Ofrece perspectivas para aproximar a la poliarquía hacia los ideales de la democracia, y también es una puerta abierta para los desestabilizadores, que no quieren que esa sociedad abierta se abra a los más necesitados. Paradójicamente, la sociedad abierta da poderes a los que defienden formas menos cualificadas de sociedad abierta, pues pretenden cerrarla a nuevos actores y demandas. Hoy por hoy, no sabemos el alcance de esa vía abierta por la tecnología a otras formas de intervenir en política, de la que podemos esperar tanto formas inéditas de democratización como otras no menos inéditas y sofisticadas de control político. Entre una posibilidad y la otra, vemos cómo se insinúa una nueva forma de hacer oposición, en defensa de intereses que no siempre ven con simpatía que el Estado haga suyos algunos problemas de los individuos -la sanidad, por ejemplo-, y administre con más justicia un bien que debería ser accesible a todos.

¿Y qué hay de estas otras formas de control por parte de los Gobiernos, que pasan por promover la proliferación de voces en las redes, con el objetivo de anular o neutralizar a los medios opositores y voces críticas que tienen más fuerza?

El paso más novedoso en esto es la peculiar iniciativa de Hugo Chávez de crear “guerrillas comunicacionales”, destinadas a sembrar en el espacio internáutico versiones interesadas, unas veces para contrarrestar rumores que circulan por la sociedad, otras para anticiparse a ellos, y en ocasiones, para luchar con algo tan incontrovertible como la información, y tan áspero y contradictorio con la realidad -la de la economía, la de la energía, la de la propia incompetencia de los gobernantes-, con el recurso de siempre: la palabra. Aquí también, el recurso es antiguo, aunque nueva es la circunstancia tecnológica. Esas Guerrillas Comunicacionales, tienen un encargo claro, inequívoco: introducir ruido en el mundo de la comunicación, sembrar confusión, para que, en el medio del ruido y de la confusión de fondo, surja la voz de Chávez aclarándolo todo. Por eso las llama “brigadas comunicacionales”; son eso, guerrillas, que distraen la atención de la gente, especialistas en tender cortinas de humo, para focalizar la atención en asuntos laterales, ficticios, creados por el poder, para que la realidad siga quedando fuera del marco de lo que debe interesar a la gente. Las palabras “guerrilla comunicacional” no dejan lugar a dudas: se trata de una acción militar de inteligencia, que persigue sus objetivos mediante la palabra. Chávez no consiente que lo cuestionen, y tiende un manto de confusión en torno a la realidad.

Copyright Clarín, 2010.

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EL MEDIO Y EL MENSAJE. "EN EL CIBERESPACIO SE REPRODUCE EL DEBATE CLASICO ENTRE CONTROL POLITICO Y LIBERTADES INDIVIDUALES", DICE REY MORATO
EL MEDIO Y EL MENSAJE. “EN EL CIBERESPACIO SE REPRODUCE EL DEBATE CLASICO ENTRE CONTROL POLITICO Y LIBERTADES INDIVIDUALES”, DICE REY MORATO

Señas particulares

Nacionalidad: español

Actividad: profesor de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid.

Autor de varios libros, entre ellos, “Comunicación Política, Internet y Campañas Electorales” (Tecnos, Madrid)

Las múltiples fisonomías de los internautas

¿Es posible distinguir el perfil característico de los cibernautas políticos que intercambian mensajes en los blogs, opinan en los foros, comentan notas y noticias? Podemos encontrar allí contestatarios compulsivos, indignados crónicos, anarquistas pasivos, divulgadores incontinentes, idealistas lúdicos . Le preguntamos a Javier del Rey Morató, profesor de teoría de la comunicación de la Universidad Complutense y habitante de la blogósfera ¿cuál es la fisonomía del Internauta?: “Sin estar seguros de que Internet lo invente o lo potencie, yo pienso que si algo puede definir de alguna forma al internauta es un cierto distanciamiento e incredulidad frente al sistema político formal, que puede ser más crítico y activo o más pasivo e indiferente, según el caso, y eso alcanza también a los grandes medios de comunicación. Lo que es difícil de determinar es hasta qué punto esa transversalidad e incredulidad contestataria puede ser una mera pataleta individual de muchedumbre de soledades o puede transformarse en una fuente de nuevas tendencias y corrientes de opinión en la sociedad. Hay allí mucho de espontaneidad y libertad y mucho de manipulación, como en la política misma”.

original en Clarín:

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2010/05/02/z-02190155.htm

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