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Archive for 30 marzo 2010

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Pigs

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Pigs

 

 Por Ricardo Aronskind

En las últimas semanas empezó a mencionarse en los círculos financieros y en la prensa ideológicamente afín un nuevo acróstico: P.I.G.S. No se trata de la forma inglesa de decir cerdos, sino de las iniciales (en inglés) de cuatro países: Portugal, Irlanda, Grecia y España.

¿Qué une a este grupo? Ser, aparentemente, países candidatos a múltiples calamidades: en principio, a la desconfianza universal por sus graves situaciones en materia de grandes déficit del sector público, combinados con alto endeudamiento público y privado. La inseguridad de quienes les prestan fondos llevaría a que se les cobren intereses crecientemente elevados, provocando un potencial círculo vicioso que podría terminar en la imposibilidad de pagar sus compromisos externos, o sea, el default.

Los PIGS tienen también en común ser países de la periferia europea –no forman parte del centro económico y político del continente–, lo que facilita a la prensa financiera desempolvar todos los prejuicios existentes en relación a los países mediterráneos o a los díscolos irlandeses. Es interesante recordar –y muestra el transparente doble standard político de “los mercados”– que las cifras que muestran estos PIGS en materia de contracción económica, desempleo, endeudamiento externo e interno, déficit público, o magnitud de la burbuja inmobiliaria, no son sustancialmente diferentes de las de países como Gran Bretaña o Estados Unidos.

En el grupo de los PIGS se encontraban hasta hace muy poco “países ejemplo”, proclamados así por el establishment económico internacional. Especialmente Irlanda y España. El primero fue mostrado como un milagro económico a ser imitado por quienes quisieran salir del subdesarrollo: salarios bajos, pocas regulaciones, amplia convocatoria al capital multinacional y boom inmobiliario. España, país que usufructuó ampliamente la ayuda de la Unión Europea y de América latina (se le cedieron en nuestra región numerosas empresas de alta rentabilidad), se convenció de su prosperidad, confundiéndola con la burbuja financiera-inmobiliaria que estaba provocando (transitoriamente) crecimiento y empleo. Grecia fue generosamente ayudada por Goldman Sachs y otros bancos estadounidenses –hoy bajo investigación– a endeudarse y falsificar sus cuentas públicas para que la Unión Europea no lo advirtiera. Esos mismos amigos americanos se están ocupando hoy de apostar (dinero) al desplome de Grecia. Lo interesante es que estos países han pasado de ser ejemplares, exitosos, merecedores de abundante crédito, a PIGS.

El armado de la sigla no es casual. Podría haber sido “SPIG” o “GIPS”. Pero fue PIGS.

Llamarlos PIGS no es una humorada. Es el comienzo de una campaña denigratoria, no precisamente con fines éticos.

La ideología de las finanzas internacionales parte de la base de que el sistema económico mundial es justo y moral. Sus voceros presentan a los prestamistas como una especie de Cruz Roja que acude en solidaria ayuda de aquellos que la requieren. Una organización moderna que se desvive por asistir a los débiles, a los necesitados (de crédito). Lamentablemente, estos solícitos y prudentes hombres de negocios se tropiezan reiteradamente con…PIGS. Frente a la seriedad, surge la irresponsabilidad. Frente a la eficiencia, la impericia. Frente a la honorabilidad, el pecado bajo la forma de corrupción, desorden, despilfarro.

Si alguien ha llegado a ser un PIG, es porque debido a sus desmanejos ha terminado archi-endeudado. Por lo tanto, merece sufrir. Si esos países extraviados están siendo arrojados en el camino del ajuste, de los salarios miserables, del desempleo, de la migración forzosa, del estancamiento, es porque son PIGS.

Denigración colectivaPara encontrar pistas de este dramático cambio de “imagen” de estos países ex-exitosos, vale recurrir a nuestra propia historia económica. A partir del golpe cívico-militar de 1976, el mercado financiero internacional declaró a Argentina “país seguro” y comenzó una carrera desenfrenada para darle crédito, junto al resto de las dictaduras latinoamericanas, y demás países del mundo que estuvieran en condiciones mínimas de absorber créditos. Martínez de Hoz y su equipo abrieron de par en par las puertas al endeudamiento externo, que creció a una velocidad extraordinaria luego de que Ronald Reagan cambiara la política monetaria estadounidense, elevando brutalmente las tasas de interés. Argentina entró en la peor etapa económica de su historia: con el Estado ultraendeudado, se sometió al monitoreo subdesarrollante del FMI y contrajo el gasto público, dejando atrás todo intento de continuar desarrollándose. El peso del endeudamiento provocó recesiones, hiperinflaciones e inestabilidad macroeconómica permanente. La crisis económica recurrente llevó al hundimiento de la autoconfianza nacional. En ese contexto se fueron preparando las reformas estructurales en los ’90, mientras los voceros del capital financiero empezaban a comparar a la Argentina con un “borracho”, que no puede dejar su adicción al alcohol (que en la vulgata neoliberal era el gasto público y la inflación). Al borracho había que “curarlo” con un tratamiento duro: ajuste, privatización, apertura, desempleo. En eso consistía “operarlo sin anestesia”.

Ahí está el punto en común con los PIGS: todos los procesos políticos y sociales para subordinar económicamente a un país, para sacrificar a su población, para transformar al Estado en una mera máquina de pagar deuda, van necesariamente acompañados por un período de denigración colectiva, en el cual se convence a la población de que es la culpable de los males “que le caen” sobre su cabeza, que “el mundo” –en cambio– es serio y los está poniendo en vereda: casi se diría que los está ayudando con una medicina amarga. Se trata de un verdadero operativo estigmatizador en el cual los que van a ser saqueados se transforman en los culpables del saqueo. Por eso cobra importancia decisiva la destrucción de la autoestima nacional y la internalización de la acusación de “pecadores” de las sociedades que tendrán que pagar las consecuencias de las aventuras de los financistas.

Debemos recordar que aún a comienzos de la presente década, nuestro país era denigrado y menospreciado por diversos representantes internacionales sin que mediara ninguna respuesta local: la menguada autoimagen colectiva facilita la aceptación de soluciones sanguinarias. La versión de los acreedores sobre la historia argentina reciente –los prestamistas serios (banqueros, FMI, lobbystas locales) bancando a los argentinos irresponsables– había sido asumida por la dirigencia local y también, lamentablemente, por una parte de la población.

Resulta inevitable, al observar el término PIGS, pensar en un nueva campaña para degradar y humillar a países que estarán condenados, en los próximos años, a sufrir, a vivir episodios de violencia, a subdesarrollarse y a carecer de futuro.

Los dealersSi se abandona esa versión polarizada, con PIGS que llegan a sus crisis por viciosos y corruptos, y banqueros serios, prudentes y racionales, podemos construir una versión más cercana a la realidad.

En todo caso, estamos en presencia de una relación dialéctica similar a la de los dealers con los drogadictos. Aunque parezca al revés, los primeros necesitan de los segundos. Les venden justamente gracias a que los otros son adictos. Y necesitan que sean adictos, y desesperados, porque entonces aceptan cualquier condición y no pueden dejar de hacerlo. Aún más: es imprescindible crear adictos, es decir, abrir mercados donde colocar la mercancía. Si hay una amplia gama de países “irresponsables”, “borrachos”, “pigs”… ¿por qué el sistema financiero internacional no se limita a prestar sólo a los países “serios”? ¿Por qué les sigue prestando a toda la horda de países “fallidos”, “poco serios”, “populistas”, “latins”?

Vale aquí recordar una cita del periódico The Economist, de Londres, sobre un gobierno de nuestro país: “…la reciente demostración de su falta de fiabilidad, de lo que son un ejemplo tanto sus tratos con los tenedores de bonos como su negativa a respetar sus propias leyes, deberían hacer que los inversores se mostraran poco dispuestos a responder a nuevas apelaciones”. Esto fue escrito en…1889, antes de que la chusma radical y peronista llegara al Estado nacional. ¿Por qué nos siguieron prestando, si ya habían advertido de nuestra esencia inmutable? ¿Por qué se siguieron arriesgando, prestando y volviendo a prestar, sometiéndose y volviéndose a someter a la imprevisibilidad de los irresponsables argies? ¿Fue amor? ¿Fue vocación de servicio?

La respuesta es evidente: prestarle a estos países “poco serios” tiene una rentabilidad infinitamente más elevada que darle crédito a los países “serios”. ¿Quién haría plata en serio prestándole a Suiza? En realidad, para ganar plata aceleradamente son imprescindibles los países borrachos, ya que ellos permiten subir la tasa de interés global (riesgo país mediante). A ellos se les presta mucho, y luego se los exprime. Si no pueden pagar, que el FMI cubra sus pagos (con el aporte de los contribuyentes de los países centrales), para que los banqueros y otros prestamistas puedan cobrar en tiempo y forma. Luego, una combinación de intervención tecnocrática internacional y amenazas y presiones múltiples se ocupará de que los países paguen lo que quedaron debiendo, con efectivo, bienes o recursos naturales. Siempre, disminuyendo el nivel de vida de su población.

Lo que está detrás de esta dinámica de dealers y adictos, como lo muestra la historia económica mundial de las décadas recientes es que los países centrales vienen teniendo masivos excedentes de fondos, y necesitan imperiosamente colocarlos en donde sea, como sea. La oferta está obligada a crear su propia demanda. Ellos necesitan prestar.

PreguntasAsí se entiende mejor la colocación masiva de fondos en los ’70 a lo largo y ancho del planeta, sin preguntar nada sobre la solvencia presente o futura de los países a los cuales se prestaba, lo que generó una década de estancamiento latinoamericano. Así también se pueden comprender las nuevas colocaciones gigantes mediante la “innovación financiera” de las hipotecas subprime de la actual década, en las que se dio crédito masivo a gente que no tenía cómo pagarlo. Se debe subrayar que en ambos casos a los financistas les ha salido bien: han colocado fondos de cualquier forma, y cuando el problema de la insolvencia estalló, los países quedaron endeudados durante décadas, y los deudores hipotecarios terminaron perdiendo sus casas. Ahora les toca a los PIGS perder su bienestar. En todos los casos la prioridad absoluta ha sido garantizar la continuidad de los bancos. Luego se verá qué hacen los estados endeudados para resolver su propio endeudamiento.

La aparición recurrente de países “pigs” no se termina de entender sin explicar cómo contraen las adicciones. Para generar estas situaciones de híper-endeudamiento, no sólo hacen falta financistas aventureros con altísima influencia política, sino dirigencias locales interesadas en el endeudamiento. Como Martínez de Hoz, Cavallo o Roque Fernández en Argentina, en los países borrachos siempre aparecen conducciones económicas afines a los dealers y dirigencias políticas suficientemente cómplices o irresponsables como para apostar a esas soluciones mágicas, cortoplacistas, que ofrecen los banqueros. Sin embargo, y eso es probablemente lo que va a pasar en los PIGS, no van a ser los cómplices locales los que paguen la factura, sino las amplias mayorías. Por eso se vuelven tan funcionales los procesos de desinformación y culpabilización colectiva: para que la población acepte como un acto de justicia lo que no deja de ser un desfalco.

Si un uso bueno puede tener la dolorosa historia argentina reciente es que portugueses, irlandeses, griegos y españoles, miren el retroceso a que fue sometido nuestro país en los años ’80 y ’90 –porque ese es su futuro, y en el caso griego, ya es su presente– y se resistan a la denigración simbólica y material que les están preparando.

De esa misma historia surge una pregunta sobre nosotros. Argentina, habiendo pasado por una crisis brutal en 2001-2002 ha ido dejando atrás algunas de sus secuelas. Sin embargo, no queda claro que nuestra sociedad haya aprendido la lección. ¿Volveremos a ser nuevamente candidatos a los “pigs” ávidos de préstamos que necesitan las finanzas internacionales para seguir acumulando infinitamente a costa de los débiles? ¿El trabajoso desendeudamiento logrado recientemente, es el preludio a un nuevo endeudamiento revestido de “vuelta a los mercados”? ¿Cómo se posicionan los actores locales frente a este asunto? Dicho en otros términos, lo que hoy pasa en Grecia ¿quedó en nuestro pasado o está en nuestro futuro?

* Economista UNGS-UBA

Claves

Crisis internacional
PIGS: no se trata de la forma inglesa de decir cerdos, sino de las iniciales en inglés de cuatro países (Portugal, Irlanda, Grecia y España).

Los une la desconfianza por sus graves situaciones en materia de grandes déficit del sector público, combinados con alto endeudamiento público y privado.

Tienen también en común ser países de la periferia europea, lo que facilita los prejuicios existentes en relación a los países mediterráneos o a los díscolos irlandeses.

En los PIGS se encuentran los hasta hace muy poco “países ejemplo” para el establishment económico internacional: Irlanda y España.

Para encontrar pistas de este dramático cambio de “imagen” de estos países ex-exitosos, vale recurrir a nuestra propia historia económica.

artículo original en suplemento CASH:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-4232-2010-03-30.html

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La crisis internacional y la Argentina: ¿hay nuevas oportunidades para una mejor inserción del país en la economía global? El rol de la inversión extranjera directa y las cadenas globales de valor
Viernes 26 de Febrero de 2010 00:00
Por Andrés López (CENIT) y Daniela Ramos (CENIT)En las últimas décadas los países de América Latina (AL) han transitado por diferentes regímenes económicos y de inserción internacional, modificando sus patrones de desarrollo vinculados inicialmente a estrategias de crecimiento hacia adentro por regímenes orientados hacia la apertura económica y la integración regional. Esto se dio en paralelo con un fuerte incremento de los flujos internacionales de inversión extranjera directa (IED), en particular los dirigidos hacia México, Brasil, Argentina, Chile y más recientemente Uruguay.

Esta tendencia replica lo que se observa a nivel internacional, donde se asiste desde hace algunos años a una fuerte transformación de la configuración productiva de la economía global, en la cual emergen con inusitada fuerza los fenómenos de la fragmentación y deslocalización de la producción al tiempo que se observa un notable aumento de las corrientes de comercio e IED asociadas a estas tendencias. Los países en desarrollo (PED) están a su vez ganando peso en este proceso, en tanto participan crecientemente en las cadenas globales de valor (CGV) tanto manufactureras como de servicios.

En este contexto de globalización, la crisis desatada a fines de 2008 ha tenido amplias repercusiones sobre vastos sectores y economías. En este sentido, las CGV funcionan como canales de transmisión casi inmediatos de los efectos de la crisis, en particular en el comercio y en las decisiones de inversión de las firmas multinacionales que son los agentes económicos que dominan en general estas CGV.

La crisis como tal pareciera estar entrando en una fase de recuperación. Sin embargo, el reacomodamiento a nivel productivo y comercial que ella ha generado podría tener implicancias muy fuertes para países como el nuestro, aún en el mediano y largo plazo. En efecto, esta crisis nos lleva a plantearnos una vez más en qué lugar está parada la Argentina en esta nueva configuración productiva global y de qué modo esto influye sobre sus posibilidades de recibir flujos de IED y de posicionarse en algunos eslabones de las citadas CGV.

Si bien sabemos que la crisis generó notables efectos negativos sobre el comercio, el empleo y el producto, en especial en los países desarrollados (PD), también podrían hallarse efectos positivos para los PED en la medida en que la necesidad de reducir costos y recomponer rentabilidad en las grandes empresas transnacionales (ET) podría llevar a muchas empresas a incrementar el outsourcing de actividades en países de menor costo relativo o bien privilegiar la producción en filiales más modernas y con mayores niveles de productividad, las cuales muchas veces están localizadas precisamente en los PED. Asimismo, las mejores perspectivas de los PED en cuanto a tasas de crecimiento también abren espacio para recibir nuevas inversiones en muchos países, más aún considerando la emergencia de multinacionales originarias de países a los cuales la crisis ha golpeado con menos fuerza, como China, India, Brasil, etc. En definitiva, el nuevo escenario post – crisis de reestructuración a escala global podría afectar el entramado productivo local y su inserción en las cadenas globales de valor. En este sentido, algunas políticas podrían ayudar a que ciertos sectores tanto manufactureros como de servicios ocupen eslabones de creciente complejidad y valor agregado de modo tal de promover la generación de divisas, empleos y mayores encadenamientos dentro de la economía argentina.

Partiendo de la premisa de que será muy difícil pensar un desarrollo industrial que no esté ligado de un modo u otro a estas nuevas tendencias y que por ende la Argentina necesita ver de qué modo aprovecha este nuevo esquema de fragmentación productiva ubicándose en los eslabones de mayor renta, es que pretendemos en este artículo revisar brevemente las tendencias recientes de la IED y las posibilidades de nuestro país de recibir nuevos flujos a partir del escenario post-crisis. El objetivo final del análisis es comprender las perspectivas que enfrenta la Argentina y los factores que aparecen como ventajas y desventajas para lograr una mejor inserción en la economía global.

Las nuevas tendencias productivas globales

La globalización ha transformado en las últimas décadas el mapa productivo mundial y la naturaleza de los principales actores que intervienen en ella. La posibilidad de fragmentar el proceso productivo ha dado lugar a una nueva manera de hacer negocios: el offshoring. La creciente deslocalización productiva inducida por la búsqueda de menores costos ha dado también por resultado una intensificación del comercio y de los flujos de inversión, en tanto que las ET se están volviendo cada vez más móviles e intensivas en conocimiento (Narula y Dunning, 2000).

Crecientemente, la producción se lleva a cabo en unidades productivas geográficamente dispersas que a su vez forman parte de redes más amplias que operan bajo modalidades contractuales diversas. Significativamente, este fenómeno se está extendiendo hacia el campo de los servicios, muchos de los cuales eran considerados hasta no hace mucho como típicamente “no transables”. De hecho, el fuerte incremento del comercio mundial y de los flujos de inversión –por encima incluso de la producción- y el creciente sesgo hacia el comercio intraindustrial de tipo vertical no son otra cosa que el reflejo de esta nueva realidad (OECD, 2007).

La intensificación de la competencia por atraer inversiones y captar negocios se verifica no sólo entre países sino también entre filiales de una misma corporación localizadas en diferentes regiones. A su vez, este esquema también da lugar a cambios en el reparto regional de la producción mundial, entre los cuales está la emergencia de nuevos jugadores de peso como China e India.

Dado que los PED constituyen las principales localizaciones para hacer offshoring tanto de algunas etapas productivas como de la prestación de ciertos servicios, es evidente el potencial que pueden tener las ET para influir sobre la configuración productiva de estos países, no sólo a través de la presencia directa sino especialmente a través del vínculo con los proveedores y clientes que forman parte de las CGV. Siendo así, pasan a ser centrales no sólo las políticas de atracción de inversiones sino también las acciones de estímulo al desarrollo de capacidades de absorción doméstica, la mejora de los bienes públicos, el desarrollo de activos específicos y la promoción del involucramiento de las ET con el medio local, entre otras.

El hecho de que cada vez sean más las empresas y los países que están insertos en estos esquemas tiene varias implicancias: en primer lugar, las motivaciones de las multinacionales para invertir en el exterior ya no se limitan como en el pasado a la obtención de mercados o recursos sino que buscan mejorar su eficiencia y captar activos estratégicos, por lo que se tornan mucho más relevantes aspectos como la calidad del entorno local, la disponibilidad de partners, las oportunidades de upgrading (ver más abajo), las calificaciones de los recursos humanos, la existencia de clusters, el capital social, la disponibilidad de bienes públicos, etc. En segundo lugar, estos cambios impactan sobre la composición y el destino de la IED, siendo evidente el creciente peso relativo de los servicios y de los PED como receptores de estas inversiones (Gráfico 1).

Gráfico 1. Estructura de la IED, por sectores, 1990-2006

 Fuente: UNCTAD

En tercer lugar, a partir de la nueva configuración de la producción global, queda claro que las formas en que las ET pueden influenciar el perfil de especialización y el patrón de desarrollo de una economía son bastante más complejas y diversas que en el pasado, puesto que exceden la mera presencia directa de éstas en el país. En consecuencia, pasa a ser sumamente relevante el modo en que las firmas locales se insertan en las CGV.2

La ubicación de un país y de sus empresas o filiales de ET dentro de una CGV también puede tener implicancias sobre las posibilidades de upgrading. Este término se refiere al proceso que permite pasar a desarrollar actividades más complejas –y presumiblemente de mayor valor agregado- dentro de la cadena de valor.3 En general, los PED aspiran a poder realizar algún tipo de upgrading en la medida en que esto presupone alejarse de aquellas actividades en donde la competitividad depende de los costos y en las que, en general, las barreras de entrada son bajas (Pietrobelli y Rabellotti, 2005). A su vez, la jerarquización funcional puede reducir la vulnerabilidad de una firma puesto que apunta a especializarse en segmentos que resulten “intensivos en conocimiento”, en los cuales pesan factores distintos de los costos (el capital humano, las capacidades tecnológicas, etc.) (López, Ramos et al., 2009). Las posibilidades de jerarquización dependen de muchos factores: el lugar que ocupa la empresa en la CGV, la existencia de políticas públicas de estímulo, la mayor o menor facilidad con que puedan intercambiarse bienes intangibles que estimulen el conocimiento, las capacidades tecnológicas y de absorción de las empresas, la existencia de un entorno productivo ya consolidado, etc. Por supuesto que a esto se agregan cuestiones locales básicas como la estabilidad macroeconómica e institucional, la disponibilidad de capital humano e infraestructura y la existencia de bienes públicos adecuados. Por último, las posibilidades de upgrading también dependen de las estrategias de las ET que dominan las CGV puesto que éstas pueden establecer normas y fijar pautas sobre sus proveedores y clientes.

En suma, si bien la participación de un PED en las CGV abre potencialmente oportunidades atractivas para exportar y generar empleo, no necesariamente garantiza que se materialicen otros impactos positivos tales como la generación de derrames de conocimiento o la acumulación de capacidades tecnológicas lo cual, a su vez, puede generar vulnerabilidades en la propia inserción de las firmas/países en las CGV.

Dicho esto, es indudable que los fenómenos del offshoring y el outsourcing, en particular de servicios, pueden abrir oportunidades interesantes para algunos PED, por lo que no sorprende que sean cada vez más los países que intentan competir para captar o retener estos negocios.4 Así como en el pasado la deslocalización productiva estuvo inducida por la existencia de mano de obra de baja calificación a muy bajo costo, al presente el principal atractivo que ofrecen estas economías para la tercerización de servicios es la disponibilidad de mano de obra altamente calificada a costos mucho más bajos que los de los PD. Lo interesante es que estas nuevas modalidades permiten que algunos PED se inserten en CGV y exporten productos o servicios de alto valor agregado o intensivos en conocimiento, lo cual resulta un hecho novedoso para la mayoría de ellos.

En el caso de la Argentina, el país se ha insertado en algunas CGV del ámbito agroindustrial y manufacturero (automotriz, siderurgia, etc.) y más recientemente también en algunos sectores de servicios habilitados por la tecnología. En el escenario post crisis pareciera que se abren algunas oportunidades para mejorar la inserción en dichas cadenas, o para ocupar espacios en otras CGV o en ciertos nichos de mercado.5 Sin embargo, aprovecharlas dependerá en gran medida de la idoneidad con que el país construya nuevas capacidades y cree los activos estratégicos necesarios para captar parte de estas oportunidades.

La dinámica de la IED: tendencias y perspectivas

Hasta que se desató la crisis, la IED venía mostrando un gran dinamismo del cual se beneficiaron notablemente los PED, cuya participación en los flujos mundiales viene en ascenso (pasaron de representar el 17.5% de la IED global en 1985-1990 al 33,3% en 2005-2007).

Dentro de los PED, los países del Este de Asia fueron y son los principales destinatarios de IED. Allí se radican tanto inversiones market seeking como efficiency seeking. En general, estos países están fuertemente integrados en las CGV y en el largo plazo se percibe una tendencia al “escalamiento” hacia actividades más complejas. América Latina y el Caribe también incrementó su peso relativo aunque con algunas oscilaciones en los últimos años.

A su vez, el sector de servicios se convirtió en el principal destinatario de la IED: su participación que era de solamente un 25% del stock mundial de IED a comienzos de los ’70, pasó a ser el 49% en 1990 y el 63% en 2006 (gráfico 1).

El otro fenómeno destacable es que los PED están teniendo cada vez mayor importancia como generadores de IED (de un 9,7% en 1996-1999 a un 14% de la IED global en 2004-2007) aunque este hecho se circunscribe a un puñado de países (Corea, Taiwán, Hong Kong, Singapur, China, India, Brasil y México).

América Latina  ha tenido un buen desempeño como receptora de IED en los últimos años, especialmente los países del Mercosur, México, Chile y, más recientemente, Colombia. Siguiendo a Dunning (1993), se observa que América Latina ha recibido básicamente tres tipos de capitales durante el nuevo milenio: resource seeking, market seeking y efficency seeking (no hay casos significativos de IED de tipo asset seeking). En el primer caso se destacan los sectores de minería, hidrocarburos y biocombustibles en tanto la IED market seeking fue a industrias de bienes de consumo masivo, producción automotriz, sector financiero y construcción (Espora, López Monti et al., 2009). La IED efficiency seeking se dirigió casi exclusivamente a México y a la región de Centroamérica y Caribe y se orienta mayoritariamente al sector industrial a través de empresas estadounidenses que buscan reducir costos para desarrollar actividades trabajo intensivas que componen sus respectivos sistemas internacionales de producción intra-corporativos (CEPAL, 2005). También hay algo de IED efficiency seeking en Mercosur aunque usualmente ligada a esquemas de división del trabajo intra-regionales y no globales.

Como parte de la tendencia hacia una mayor participación de los PED en los flujos salientes de IED mundial, vale la pena hacer mención de la creciente inversión en el exterior por parte de empresas de origen latinoamericano (las denominadas translatinas). Entre los países que más han invertido se encuentran Brasil, México y Chile. Este proceso de internacionalización de las translatinas se consolidó no sólo en sectores tradicionales como la siderurgia, minería, cemento, petróleo, gas y alimentos y bebidas, sino que se expandió a su vez hacia nuevos productos y países, transformándose en una fuente (si bien incipiente) de creciente importancia de inversión para la propia región (Espora, López Monti et al., 2009). Argentina, en contraste, perdió peso como emisora de IED (mientras que entre 1992 y 1998 el país aportaba alrededor del 38% de la IED emitida por América del Sur, entre 2003 y 2006 esa cifra bajó a menos del 7%).

Si en cambio miramos a la Argentina como receptora de IED, se observa que la tendencia fue ascendente a lo largo de los ’90 (las corrientes entrantes de IED pasaron de un promedio de 4.000 millones de dólares (1992-1995) a US$ 8.000 millones (1996-1998). A partir del 2000, los flujos de IED hacia la Argentina comenzaron a caer aceleradamente, tocando fondo en 2003 (Gráfico 2).

Gráfico 2. Flujos anuales de IED entrante a Argentina (US$ millones)

Fuente: elaboración propia en base a datos del INDEC y DNCI.

La crisis y la caída de la convertibilidad si bien generaron un fuerte aumento del endeudamiento (en dólares) de las filiales de las ET, mejoraron la competitividad de las empresas que operan en sectores transables. El contexto de congelamiento tarifario de los servicios públicos y crisis condujo a que algunas ET se retiraran del país, incluso se registraron algunos episodios de re-estatización, que afectaron a empresas extranjeras.

Pese a su limitado efecto directo, estos conflictos pueden haber contribuido a generar una imagen negativa entre los inversores extranjeros. Asimismo, algunos movimientos del gobierno argentino para presionar la salida de capitales extranjeros en ciertas empresas también pueden haber obrado en la misma dirección. La falta de certidumbre sobre ciertos datos básicos del ámbito institucional o macroeconómico podría ser otro factor explicativo del declinante interés de la IED por Argentina.

De todos modos, a partir de 2004, la reactivación y el incremento de la demanda interna, en un contexto donde la devaluación de 2002 había mejorado la competitividad precio de la economía local, impulsaron una nueva fase de crecimiento de la IED recibida por el país. Esta oleada se vio favorecida por el marcado incremento de los flujos de IED a nivel mundial. Así, entre 2004 y 2007 la IED creció un 40%, casi duplicando la tasa de crecimiento de la inversión doméstica en el mismo período (Prosperar, 2008). En 2007 los flujos de IED llegaron a US$ 6.473 millones. De todas maneras, nuestro país registra una pérdida de participación en los flujos de IED recibidos por la región de América Latina y el Caribe en estos años.6

Asimismo, en esta década se afianza la presencia de empresas latinoamericanas, en especial de origen brasileño. Hacia fines de 2007, estas inversiones se hallaban principalmente en el sector automotriz-autopartes, metales comunes y alimentos y bebidas y en su mayoría correspondían a la modalidad F&A.

Asimismo, luego de la devaluación volvió a cobrar fuerza la industria manufacturera como receptora de IED aunque en rigor, los que ganan peso son los sectores transables (más allá de si son industrias o servicios), tal como se observa, por ejemplo, en el creciente interés de parte de las ET por radicar en Argentina operaciones para exportar servicios asociados al uso de informática y comunicaciones –ver López y Ramos (2008).

Un punto interesante a destacar en cuanto a la presencia de las ET en el comercio exterior argentino es que, según datos de un relevamiento reciente hecho por el Banco Central de la República Argentina, las mismas concretaron el 76% de las exportaciones argentinas de bienes del año 2007. El comportamiento exportador de las empresas con IED varía según los sectores. Por un lado, las empresas con IED acumularon en 2007 el 87% de las exportaciones de recursos naturales, en contraste con un 64% para el caso de la industria manufacturera. A su vez, también es distinto el patrón geográfico de las exportaciones: Asia compró el 43% de las exportaciones de oleaginosas y cereales realizadas por empresas con IED, y la Unión Europea otro 24% -siempre en 2007. En contraste, el Mercosur concentró el 43% de las ventas externas de las empresas de IED en el sector manufacturero, frente al 22% que cubría para los demás exportadores manufactureros -lo cual refleja, además, el alto grado de especialización exportadora intra Mercosur de las filiales de ET manufactureras, hecho particularmente notable en los casos de la industria automotriz (60%) y la química, caucho y plástico (58%)-. Esto revela distintos patrones de especialización productiva y geográfica en el sector primario vis à vis la industria, y que en esta última las filiales de ET en Argentina se orientan poco a exportar hacia países desarrollados, lo cual tiene que ver con la forma en que se insertan en las CGV.

Esto nos conduce al tema del tipo de IED que ha arribado a la Argentina. En los ’90, la misma fue predominantemente de tipo market seeking, con fuerte base en el sector servicios –en muchos casos vinculados a privatizaciones-, siendo también relevantes los flujos de tipo resource seeking asociados a la búsqueda de recursos naturales (petróleo-minería). Se observaron también estrategias de tipo efficiency seeking de alcance básicamente regional, facilitadas por el desmantelamiento de barreras tarifarias dentro del Mercosur, lo cual permitió especializar a las filiales por líneas de productos que luego son intercambiados regionalmente. La liberalización unilateral también dio lugar a que las filiales complementen su oferta local con bienes importados y reemplacen proveedores locales con importaciones de insumos y bienes de capital. Sin embargo, raramente las filiales locales se reconvirtieron con el objetivo de pasar a formar parte de estrategias intra-corporativas de búsqueda de eficiencia global.

En cuanto a las corrientes más recientes, se incrementó el peso de las inversiones asociadas a la búsqueda de posibilidades de exportación, incluyendo la inserción en CGV. Esto se ve en sectores tan distintos entre ellos como el de frigoríficos, el automotriz, informática o BPO. Sin embargo, dentro del sector industrial este tipo de inversiones son aún escasas –salvo en ramas asociadas a recursos naturales- y generalmente se fundan en esquemas de cadenas a escala regional.

Con el advenimiento de la crisis, los flujos de IED hacia la Argentina comenzaron a caer a partir del segundo trimestre de 2008. De todas formas, dado que el estallido de la crisis financiera internacional fue recién en octubre, la caída en los flujos de IED responde probablemente a factores locales, incluyendo, entre otros, el conflicto entre gobierno y campo que dio lugar a un incremento de la inestabilidad política y económica. En otras palabras, el retroceso de la IED entrante a la Argentina posiblemente tenga menos que ver con el fenómeno de crisis global que se desató a finales del año pasado que con factores puramente domésticos.

La crisis como tal podría abrir nuevas oportunidades para los PED puesto que las grandes corporaciones están revisando no sólo sus planes de inversión sino también sus estrategias productivas a nivel global. Las estimaciones indican que las inversiones más afectadas serían las del tipo market seeking dirigidas a los PD y en menor medida a los PED, dada la desaceleración del crecimiento de ambos grupos de economías. Esto podría ocurrirle también a América Latina (CEPAL (2009)), aunque hay que tener en cuenta que en los últimos años la región ha mantenido un ritmo de crecimiento superior al promedio mundial y que pese a la crisis, algunas economías como la brasileña ya se están recuperando sostenidamente, por lo que incluso la región podría ganar espacio en las corrientes de IED y en las estrategias de las ET.

El impacto sobre la IED efficiency seeking es más difícil de determinar dado que la crisis posee un efecto ambiguo sobre ella. Por un lado, este tipo de inversión podría registrar una importante contracción producto de la desaceleración de la demanda de los países desarrollados y esto, sumado a un posible exceso de capacidad instalada en las plataformas de exportación existentes, podría desincentivar aun más los nuevos emprendimientos. Pero por otro lado, dado que la crisis lleva a las firmas a reestructurarse para recortar gastos, podría haber un aumento de este tipo de inversiones hacia los PED en búsqueda de menores costos relativos.

La IED de tipo resource seeking si bien experimentó efectos adversos por la menor demanda mundial de productos básicos, también es pasible de recuperarse rápidamente con la recomposición de los precios internacionales de algunas commodities post-crisis. Por otra parte, los proyectos de este tipo involucran en general inversiones de largo plazo –minería, hidrocarburos, etc.- de modo tal que las empresas suelen mirar más allá de la coyuntura por lo que podrían mantener ciertas inversiones estratégicas.

El retorno de cierto dinamismo en la IED dependerá en gran medida de condiciones estructurales de las economías receptoras que incluso antes de la crisis ya definían cierto patrón geográfico de localización de las inversiones. En este sentido, los países tendrán que seguir compitiendo por atraer estas inversiones, incluso más fuertemente que en el pasado. A la vez, hay una serie de factores que finalmente definirán la evolución de la IED tanto a nivel global como en las distintas regiones, incluyendo la severidad y duración de la recesión mundial, los tiempos de recuperación del sistema financiero global, el retorno de la confianza de empresarios e inversores y la forma en que se procesen las presiones proteccionistas (UNCTAD, 2009). Es en este contexto en el cual hay que analizar las perspectivas que se abren para la Argentina en cuanto a su inserción internacional.

Las perspectivas de la inserción de la Argentina en las CGV y las corrientes de IED

Considerando que la crisis alteró las estrategias de producción de las grandes ET, la rentabilidad de sus operaciones y sus decisiones de inversión, está claro que nuestro país podría verse impactado por estos cambios a través de diversos canales directos -la propia IED, el comercio, las decisiones de radicación de filiales, el levantamiento de plantas offshore, etc.- pero también indirectos –surgimiento de nuevos nichos de mercado, oportunidades de inserción en las CGV o de upgrading, etc.-.

Ya hemos mencionado que el modo en que un país o una empresa se inserta en una CGV y el eslabón que ocupa dentro de ella tendrá profundas implicancias en términos de comercio, inversiones y aprendizaje tecnológico para la economía local. Extremando tal vez algo el argumento, podría decirse que, en buena medida, el acceso a determinados mercados y la sustentabilidad de dicho acceso en el tiempo, tanto para las firmas como para los países, dependerá de si estos se insertan o no en las respectivas CGV y el modo en que lo hacen. Lo mismo vale para la posibilidad de recepción de inversiones y para la potencialidad de los procesos de aprendizaje. Sobre este último punto, es importante resaltar que las cadenas desarrollan sus propias lógicas de generación y circulación del conocimiento de modo tal que el tipo de inserción de las empresas afectará directamente las posibilidades de las firmas de acceder a los procesos de aprendizaje e innovación.

Está claro que no todos los sectores en los que operan ET están insertos en CGV o aún cuando lo están, no todas estas CGV tienen el mismo comportamiento, la misma naturaleza o están siendo objeto de reestructuración a partir de la crisis. Sin embargo, en algunos sectores esta vinculación se hace más evidente. Por ejemplo, en el caso particular de las actividades intensivas en conocimiento, resulta difícil pensar en la penetración en determinados mercados o en el desarrollo de ciertas actividades sin entender la forma en que funcionan las respectivas cadenas, sus modos de gobierno, las formas de competencia, etc. Esto no quiere decir que las firmas por sí mismas no puedan llevar a cabo este tipo de actividades –de hecho, en la Argentina por ejemplo hay muchas empresas de software que no forman parte de CGV y que llevan a cabo sofisticados desarrollos tecnológicos- pero está claro que la posibilidad de acceder a los mercados más dinámicos o a grandes contratos se torna más difícil cuando las empresas no pertenecen a estos encadenamientos.7

En definitiva, las CGV brindan un marco de análisis interesante para comprender no sólo los efectos de la crisis internacional sino también para detectar las oportunidades que pueden abrirse a partir de ella. El siguiente cuadro resume las principales variables que desde el punto de vista conceptual formarían parte de un esquema que pretenda analizar los flujos de IED en el marco del enfoque de CGV para un país como la Argentina. Obviamente, se trata de una estilización que parte de la idea de que en el mundo actual las inversiones están en gran medida dominadas por la lógica implícita en las CGV gobernadas por las ET y que a su vez la interacción será diferente según el tipo de motivación de la IED que prime en cada caso por lo que ambos conceptos se interrelacionan.

Cuadro 1. Determinantes de la IED en el contexto de crisis

Fuente: elaboración propia

La primera variable a tener en cuenta sería la motivación de la IED. En general tanto la literatura como los estudios de caso muestran que las motivaciones de las firmas para realizar IED se han ido ampliando y, a diferencia del pasado, ahora las empresas tienen más de una razón por la cual invertir afuera, aunque en general las inversiones persiguen algunos objetivos con mayor intensidad que otros. En el gráfico 3 hemos clasificado los diferentes sectores que han recibido IED en la Argentina partiendo de la tipología propuesta por Dunning (1993). A partir de ella, podemos pensar diferentes respuestas en el contexto de crisis y post-crisis. Para ello, se requiere tomar en consideración en cada caso, sobre la base de qué activos específicos está sustentada (o podría estarlo) la competitividad del nodo local y cuáles son los determinantes específicos que avalan las decisiones empresarias en este sentido.

Así, si hablamos de inversiones de tipo efficiency seeking, parecería que el lugar que la filial local ocupa en la CGV puede tener un papel preponderante para explicar las decisiones de inversión. Como se dijo antes, el impacto de la crisis sobre este tipo de inversiones es ciertamente ambiguo ya que, por un lado, hay efectos contractivos a partir de la desaceleración de la demanda de los PD y el exceso de capacidad instalada en algunas plataformas de exportación pero, por el otro, también hay efectos expansivos puesto que la crisis lleva a muchas firmas a reestructurarse para recortar gastos y tal vez a relocalizar actividades hacia PED con costos relativos más bajos. Partiendo de la premisa de que las ET buscarán reacomodar sus filiales o desarrollar sus redes de proveedores allí donde la actividad pueda realizarse más eficientemente, la Argentina deberá competir con otros países para ingresar en las CGV o conservar su lugar en los pocos casos en los que ya está inserta.

Gráfico 3. Motivaciones para la IED recibida por Argentina

No obstante, no son tantos los sectores en los cuales el país parece ofrecer atractivos importantes para estas inversiones. En el caso de la industria manufacturera, está claro que la Argentina solo puede competir en segmentos en los cuales la eficiencia productiva no esté basada en los elevados volúmenes a bajos costos. Sin embargo, el país sí podría ocupar algún eslabón –y de hecho lo hace en ciertos casos- en CGV cuya eficiencia radica en la existencia de activos como la mano de obra calificada a bajos costos –es el caso de ciertos servicios intensivos en conocimiento- o bien de actividades de nicho en las que cobran relevancia activos específicos como diseño, know how en ciertas áreas como salud o agrobusiness, investigación, etc.

A diferencia del caso anterior, las inversiones de tipo market seeking están, por su propia naturaleza, mucho menos conectadas con la CGV o incluso pueden no formar parte de ellas. Es el caso por ejemplo, de las inversiones que han llegado a los sectores de servicios (luz, gas, telecomunicaciones), entidades bancarias o retail, entre otros.8 En estos casos, pasan a un primer plano cuestiones vinculadas a la evolución del mercado doméstico y, también a las señales políticas o económicas que emita el gobierno para retener o expulsar inversiones. Dado que la crisis afectó más a los PD que a los PED, podría suponerse que estos  últimos podrían ganar peso en las estrategias de las ET en algunos sectores. De todas maneras hay algunos factores que podrían obstaculizar el proceso –e.g. infraestructura, existencia de bienes públicos, ambiente de negocios, seguridad jurídica, etc.-. La Argentina es, a efectos de las inversiones buscadoras de mercado un caso intermedio: no posee el atractivo mercado que ofrece Brasil, pero al mismo tiempo tiene una población lo suficientemente importante como para resultar un destino de interés para muchas actividades (de hecho, muchas inversiones brasileñas recientes en sectores de bienes de consumo masivo estuvieron fundamentalmente motivadas por el atractivo del mercado doméstico). De todas maneras, la economía local está transitando por un momento de poco dinamismo y no existen demasiadas señales positivas para atraer inversiones por lo que no es esperable que la crisis dé por resultado un aumento de la IED de este tipo en el corto plazo.

La IED market seeking + exportaciones tiene elementos de los dos casos anteriores. Por un lado, está atada a las perspectivas del mercado doméstico pero por el otro, dado que en general se trata de firmas que poseen una estrategia exportadora diferenciada regionalmente, la filial local suele estar fuertemente ligada a la estrategia global de la corporación, de modo tal que la inserción en la CGV pasa a ser sumamente relevante.

En tanto, la IED resource seeking podría experimentar efectos adversos en el corto plazo por la menor demanda mundial de productos básicos, aún cuando finalmente su evolución dependerá de los precios internacionales de las commodities. En este sentido, es factible que continúe expandiéndose la IED buscadora de recursos originada en ciertos PED, como por ejemplo China.9

Las motivaciones de la IED están directamente vinculadas a las características de las CGV de las cuales forman parte las ET y al modo en que el país o las empresas se inserten en dichas cadenas, en los casos en que esto haya ocurrido. Dejando de lado el caso market seeking puro que, como ya se dijo, es casi por definición un tipo de inversión que tiene poca o ninguna vinculación con las CGV, en el resto de los casos se torna cada vez más evidente que las decisiones de inversión (y desinversión) siguen la lógica que impone la propia dinámica de aquéllas.

Por lo tanto, entran en consideración aspectos como a) el posicionamiento actual del país en las CGV –en este sentido posiblemente será más fácil atraer inversiones si la Argentina ya cuenta con algún antecedente/reputación en ellas que si debe construirlo desde cero-; b) la importancia del nodo local, el tipo de inserción dentro de la CGV y el grado de sustituibilidad del eslabón local –si el tipo de inserción en la CGV es débil o está sustentado en activos poco específicos podría ser más probable la relocalización de ciertas actividades hacia otras localizaciones en búsqueda de ganancias de eficiencia, por ejemplo-; c) la governance de la CGV, d) la mayor o menor facilidad con que pueden ser relocalizadas las inversiones –aquellos sectores cuyas inversiones son más “footloose”, como por ejemplo los servicios con bajos requerimientos de infraestructura, podrían ser más propensos a mostrar cambios en el corto o mediano plazo-, e) el tipo de ventajas competitivas que ofrece la Argentina como localización de inversiones, etc.

La Argentina muestra, hasta el momento, una débil inserción en las CGV industriales en tanto pareciera haber cierta integración en algunos servicios como software, informática, BPO, publicidad, etc. aunque hasta el momento no parece que el país ocupe eslabones de alta sofisticación en ninguno de ellos tampoco. Sin embargo, el país tiene algunos atractivos que le podrían permitir escalar en estas CGV o sumarse a algunas de ellas en eslabones de alta sofisticación:

  • Geografía: la Argentina está lejos de los mercados más dinámicos, lo cual hace que deslocalizar actividades productivas hacia el país sea relativamente caro en términos de transporte. Este argumento sin embargo pierde fuerza en el caso de las cadenas de servicios habilitados por la tecnología (software, BPO, publicidad, etc.)10  –por el contrario, hay ventajas provenientes de tener un huso horario similar al de EEUU.
  • Recursos naturales: resultan un atractivo para sectores ligados a la agroindustria, petróleo y minería. En cualquier caso, sabemos que el grado de procesamiento local de esos recursos es, en general, bajo y que la inserción en las CGV no parece por ahora estar situada en los eslabones más interesantes. De todos modos, dado que se espera que la recuperación de la crisis será traccionada por China y otros países asiáticos, es probable que los precios de los recursos naturales se sostengan lo cual favorecería este tipo de inversiones en el país.
  • Diferenciales de costos (fundamentalmente laborales): este atractivo podría favorecer la recepción de IED y la inserción de Argentina en las CGV en algunos sectores como los servicios (informáticos, contables, médicos, etc.).
  • Capital humano: Argentina conserva una masa de recursos calificados que la distinguen en el contexto latinoamericano como localización atractiva para desarrollar ciertas actividades. Sin embargo, en años recientes se llegó a un agotamiento en varios segmentos de este mercado laboral, fundamentalmente por insuficiencia de la oferta. En tanto, algunos rankings que se elaboran a nivel global muestran que el pool de conocimiento que ofrece la Argentina no parece posicionarla como localización atractiva para actividades conocimiento intensivas de alta sofisticación. De cualquier manera, la calificación de los RRHH sigue siendo sin dudas uno de los principales atractivos que ofrece el país en algunos segmentos productivos.
  • Infraestructura y otros activos estratégicos: la Argentina invirtió fuertemente en infraestructura TIC en los ’90, lo cual permitió desarrollar un sector local muy interesante y con presencia de jugadores globales como Intel, Motorola, IBM, Accenture, EDS o Tata. En cambio, se ha deteriorado la situación de infraestructura en otros sectores, como energía o ferrocarriles. Quizás obviando el caso del sector TIC, el panorama parece ser de ausencia o deterioro de ciertos bienes públicos y activos estratégicos indispensables para promover la llegada de inversiones y la inserción en las CGV, lo cual claramente debilita la posición del país frente a otros competidores.
  • Marco regulatorio e institucional: casi no ha habido políticas públicas destinadas a fomentar la inserción de Argentina en las CGV en los últimos años. Esto incluye cuestiones vinculadas a los bienes públicos pero también el desarrollo de un ecosistema que facilite la interacción de los agentes, mejore las capacidades de absorción doméstica e induzca, incentive u obligue a las firmas extranjeras a intensificar en el país actividades de alto valor agregado y generadoras de externalidades. La experiencia hasta ahora muestra que el nivel de vinculación entre las firmas extranjeras y las locales suele ser débil aunque existen sectores en los cuales esto está un poco más desarrollado (e.g. siderurgia).

Adicionalmente, las empresas locales se ven afectadas negativamente también por cuestiones como la ausencia de canales de financiamiento, escala insuficiente, carencia de “reputación”, falta de información de mercados y tecnológica, etc.Comentarios finales

En base a lo que ha venido ocurriendo con la IED en los últimos años y lo que podría suceder a partir del reacomodamiento global post-crisis, surge claramente la necesidad de pensar para la Argentina una estrategia de especialización e inserción en la economía global de la que hoy carece. Más allá de la cadena agroindustrial, en donde el país cuenta con ventajas competitivas reconocidas, en el resto del aparato productivo hay casos aislados exitosos que indican que en una buena cantidad de segmentos existe el potencial para competir en el mercado mundial. A la vez, la Argentina está en el mapa de destinos atractivos para la IED, aunque en años recientes ha perdido relevancia relativa.

La reactivación de la economía doméstica como así también la de los países vecinos podría ser un factor importante para atraer inversiones en varios sectores. Aquéllas del tipo market seeking probable no requieran muchas más acciones de carácter específico, más allá de mantener un ambiente institucional estable y una macro de baja volatilidad. Sí, en cambio, podrían ser necesarias políticas para mejorar el entramado industrial local en orden a elevar el grado de integración nacional de esas inversiones market seeking (por ejemplo, políticas de desarrollo de proveedores).

Ahora bien, si la Argentina quiere elevar su capacidad exportadora en los sectores de industria y servicios y generar más derrames y eslabonamientos desde la exportación y la IED hacia la economía local, es necesario entender cómo funcionan hoy las CGV. Ya hemos mencionado que no sería deseable ni posible que el país compita en segmentos en los cuales la eficiencia productiva está basada en grandes escalas y bajos costos (especialmente laborales). A su vez, la Argentina se ve perjudicada por la geografía (dada la distancia que lo separa de los principales países productores y consumidores del mundo), en particular para sectores en los que los costos de transporte pesan fuertemente.

Así las cosas, lo que el país puede ofrecer es mano de obra calificada o capacidades y conocimientos en áreas especializadas, a partir de las cuales se pueden generar esquemas sostenibles de inserción en las respectivas CGV.

En tanto, sólo en algunos sectores (agroindustria, servicios transables, algunos nichos específicos de la industria manufacturera) sería posible pensar en inserciones en CGV que apunten a atender mercados geográficamente distantes, mientras que en la mayor parte del aparato industrial pareciera que las mayores oportunidades están en lograr captar las oportunidades que existan en el mercado latinoamericano (las cuales pueden ser, de todos modos, significativas).

El punto es que, como decíamos antes, hasta ahora ha habido poca reflexión y análisis respecto de esta cuestión, más allá de declaraciones o expresiones de carácter general. Es necesario entonces generar mecanismos que permitan el debate y el surgimiento de propuestas respecto de oportunidades existentes y condiciones requeridas para aprovecharlas considerando las características específicas de las respectivas CGV, los modos en los cuáles la Argentina se inserta (o no se inserta) actualmente y las ventajas/desventajas competitivas que ofrece el país.

Para finalizar, digamos que hay una sub-oferta de ciertos factores claves para la inserción en la economía internacional contemporánea (e.g. infraestructura, financiamiento, bienes públicos, confianza en las instituciones, etc.), a la vez que asoman algunas tentaciones proteccionistas que van muchas veces a contramano de las formas en que actualmente se organiza la producción a escala global. Las carencias de la Argentina en esas áreas no sólo dificultan la atracción de inversiones “de calidad”, destinadas a insertar al país en CGV o desarrollar actividades innovativas, sino que generan un entorno de negocios pobre en incentivos y posibilidades para las firmas locales. Se convierten entonces en un obstáculo no sólo para una mejor integración en la economía internacional, sino también para que dicha integración sea más homogénea en términos de actores (incluyendo no sólo a filiales de ET sino también a firmas locales) y genere mayores derrames en términos de encadenamientos para la economía.

Notas

1.Centro de Investigaciones para la Transformación (CENIT). Este trabajo forma parte de una investigación más extensa realizada para el PNUD en 2009 y que contó con la participación de Martín Del Castillo, Cecilia Simkievich y Florencia Benítez Boiardi.

2. También lo será el tipo de governance que se ejerce en la CGV. Por governance nos referimos al poder de decisión sobre los vínculos comerciales que se establecen dentro de las CGV. Dicho poder puede ubicarse, por ejemplo, en los agentes que realizan las primeras etapas de producción o bien en aquellos que se encuentran en las fases finales de distribución y comercialización. Ver (López, Ramos et al., 2009).

 3. Puede incluir la producción a través de métodos más eficientes (process upgrading), la jerarquización en los productos (product upgrading), el desplazamiento hacia tareas más complejas (functional upgrading) o la aplicación de las capacidades adquiridas a otras actividades (intersectoral upgrading) (Kosacoff, López et al., 2007).

 4. Téngase en cuenta que el carácter muchas veces footloose de las inversiones en el sector de servicios (debido a los bajos costos hundidos que presenta la actividad) hace que sea muy fácil relocalizar actividades.

5.Desde ya que la crisis también plantea dilemas y desafíos para muchos sectores que podrían a partir de ella quedar excluidos del comercio mundial ante el recrudecimiento de la competencia.

6. La caída en la participación relativa de la Argentina también se da si se miran los flujos mundiales de IED, observándose que los niveles actuales son bajos comparados no sólo con los números de los años ’90, sino incluso con las cifras de los ’80, cuando la economía argentina atravesaba un largo período de recesión y alta inflación. Esto sugiere que probablemente hay algunos factores más de orden estructural que han hecho que la Argentina pierda atractividad para la IED, lo cual tal vez se relaciona con los cambios de estrategias de esta última a nivel global (en particular, el despliegue de cadenas globales de valor y el avance de las estrategias efficiency seeking), de los cuales la Argentina sólo ha tomado parte débilmente.

7. Entender el funcionamiento de las CGV también sirve para comprender dónde están los nodos más importantes del sector a nivel global, aún cuando las firmas no formen parte de esta actividad. Por ejemplo, en algunos segmentos del hardware, está claro que hay escasísimos agentes que dominan toda la cadena y que determinan el tipo de actividades que llevarán a cabo los restantes eslabones a partir de especificaciones técnicas, reglas comerciales, etc.

8. De todos modos, estas empresas podrían establecer centros de servicios compartidos en algunos países lo cual podría dar lugar a algún tipo de inserción global de la filial local aún cuando lo que predomine sea la motivación market seeking.

9. El caso del agro concentra una parte muy relevante de la inversión resource seeking en la Argentina (según datos del BCRA, en 2007 agro, ganadería, cereales y oleaginosas sumaban el 4.2% del stock de IED del país) pero además constituye un caso sumamente interesante para estudiar las posibilidades de interacción con las CGV.

10. El tema de la localización geográfica no es trivial en el caso de los servicios aunque claramente tiene mucha menos importancia que en el caso de los bienes. La cercanía geográfica muchas veces también implica cercanía cultural con las firmas cliente o con la casa matriz y esto puede ser un factor decisivo a la hora de deslocalizar parte del proceso o tercerizar alguna actividad. Al respecto ver López, Ramos et al. (2009). 

Bibliografía

CEPAL (2005). Inversión extranjera en América Latina y el Caribe, 2004. Santiago de Chile, United Nations CEPAL.

CEPAL (2009). La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile, División de Desarrollo Productivo y Empresarial de CEPAL.

Dunning, J. (1993). Multinational Enterprises and the Global Economy. Harlow, England, Addison-Wesley.

Espora, A., R. López Monti y R. Rozemberg (2009). La Inversión Extranjera Directa en América Latina de Cara al Nuevo Escenario Global.

Kosacoff, B., A. López y M. Pedrazzoli (2007). Comercio, inversión y fragmentación del comercio global: ¿está quedando atrás América Latina? Serie Estudios y Perspectivas nº 39, Julio 2007, CEPAL – Buenos Aires.

López, A. y D. Ramos (2008). “La Industria de Software y Servicios Informáticos en Argentina. Tendencias, Factores de Competitividad y Clusters.” Estudio preliminar preparado para el proyecto “Desafíos y Oportunidades de la Industria del Software en Brasil y Argentina”. PEC B-107, FLACSO – IDRC. 2008.

López, A., D. Ramos y I. Torre (2009). Las Exportaciones de Servicios de América Latina y su Integración en las Cadenas Globales de Valor. Buenos Aires, CEPAL.

Narula, R. y J. Dunning (2000). “Industrial Development, Globalization and Multinational Enterprises: New Realities for Developing Countries.” Oxford Development Studies 28(2).

OECD (2007). Staying competitive in the global economy: moving up the value chain, OECD.

Pietrobelli, C. y R. Rabellotti (2005). Mejora de la competitividad en clusters y cadenas productivas en América Latina. El papel de las políticas. Washington DC, Banco Interamericano de Desarrollo.

Prosperar (2008). Reporte de Inversión 2008. Buenos Aires, Agencia Nacional de Desarrollo de Inversiones.   

UNCTAD (2009). Global FDI flows halved in 1st quarter of 2009, UNCTAD data show. UNCTAD Press Release.

 artículo original (con gráficos ilustrativos) en Observador Económico de la RED MERCOSUR:

http://www.oered.org/index.php?option=com_content&view=article&id=77%3Ala-crisis-internacional-y-la-argentina-ihay-nuevas-oportunidades-para-una-mejor-insercion-del-pais-en-la-economia-global-el-rol-de-la-inversion-extranjera-directa-y-las-cadenas-globales-de-valor&catid=1%3Aarticulos&Itemid=3&lang=es

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Planes de estabilización: desinflar suele doler

Como ya se ha discutido en varios blogs de la BEA, la inflación es un tema que genera preocupaciones. Nuestro país no esta al borde de un hiperinflación pero ya acumula 5 años (según Bs As City) con variaciones en los niveles generales de precios de 2 dígitos y todo pareciera indicar que este año también se incluirá en el conteo.

El aspecto que más me preocupa sobre la inflación es su dinámica y los efectos que genera sobre el tipo de cambio real en un marco de una política cambiaria que intenta sostener una paridad relativamente alta y un sector público con ahorro menguante. O sea, la persistencia de diferenciales de inflación positivos con respecto al resto del mundo sólo es compatible con mantener el tipo de cambio nominal estable si el resto de las divisas se aprecia. Esperar que esto ocurra siempre es poco factible (al menos en base a la evidencia pasada) y por ende se necesitan constantes devaluaciones nominales que pueden generar una dinámica de precios caracterizada por una constante aceleración, más aún si el tesoro nacional necesita financiarse con emisión monetaria. Este último ingrediente se ha vuelto importante durante este año y de no acceder a los mercados de deuda en un futuro cercano puede complicar aún más la dinámica inflacionaria.

Bueno, en fin, voy al titulo del post. En las clases de Finanzas Internacionales en la facultad aprendí sobre planes de estabilización en base al trabajo realizado por autores como Calvo y Vegh que lograron sintetizar los efectos de estos planes en un modelo teórico que clasifica a los mismos según la herramienta principal en la que se basan: el tipo de cambio (ej: convertibilidad) o la oferta monetaria.

Ambos planes generan recesiones o reducen el crecimiento. La principal diferencia es que uno genera la recesión al principio (oferta monetaria) y el otro al final (tipo de cambio). Este resultado que se confirma en el modelo gracias a la configuración del mismo (¿qué modelo estará libre de esto?), es respaldado en gran medida por la evidencia empírica recolectada.

A continuación se detallan los principales resultados encontrados y enumerados en este paper.

Planes de estabilización basados en tipo de cambio:

  • Lenta convergencia de la tasa de inflación a la de devaluación (ergo, apreciación cambiaria)
  • Incremento inicial en la actividad económica seguido por una posterior caída.
  • Apreciación del tipo de cambio real
  • Deterioro del balance comercial y de cuenta corriente.
  • Respuesta ambigua por parte de la tasa de interés real domestica.

Planes de estabilización basados en la oferta monetaria:

  • Lenta convergencia de la tasa de inflación a la tasa de crecimiento de la oferta monetaria (léase desmonetización).
  • Apreciación del tipo de cambio real.
  • No hay resultados claros sobre el cambio en la balanza comercial.
  • Contracción inicial de la actividad económica.
  • Incremento inicial en la tasa de interés real doméstica.

Como verán, el mix de resultados no suele ser muy agradable pero nos dan una idea de a que nos debemos atener si queremos desinflar. Principalmente, hay que tener bien en claro que el nivel de actividad tarde o temprano cae y que el tipo de cambio real se aprecia. Estos resultados no son la verdad revelada y puede que existan otros resultados posible (como la total ausencia de efectos reales que Calvo atribuye a la credibilidad) pero se debe tener en claro que cuando se habla de planes de estabilización (en general del tipo ortodoxos) es un poco inútil criticarlo porque genere recesión o apreciación ya que al final de cuentas es el precio a pagar y nada asegura que el status quo no pueda llevar a estos dos últimos fenómenos sin mediar plan alguno.

original en el blog: ECONOMISTAS UNLP:

http://economistasunlp.blogspot.com/

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Cambios en la teoría económica: llega “la era

de la complejidad”

Tras el nuevo golpe sufrido por la corriente neoclásica con la crisis financiera, los académicos se preguntan cómo será la teoría de aquí a 50 años.

PorSebastián Campanario
scampanario@clarin.com

El dato comenzó a circular en octubre de 2008, un mes después de la caída del banco de inversión Lehman Brothers en los Estados Unidos: la Teoría General de Keynes y revisionismos keynesianos modernos como el de Hyman Minsky estaban trepando en las list as de best sellers. Por entonces, el motivo parecía obvio: las ideas del padre de la macroeconomía moderna encajaban a la perfección en la era del “súper-Estado” que se avecinaba, la trampa de la liquidez que hacía que aun una tasa de interés baja no pudiera mover la aguja del nivel de actividad y, lo principal, el fracaso de la teoría neoclásica para entender la última crisis financiera global.

Pero la economía mundial siguió cayendo, y las ideas de Keynes les parecieron a algunos un poco tibias para tamaña catástrofe. En febrero de 2009, en Alemania y otros países de Europa se agotó El Capital, la obra cumbre de Karl Marx, mientras que en la Argentina la edición de Siglo XXI subía sus ventas un 35%.

Cada escuela o línea teórica alternativa al mainstream neoclásico llevó agua para su propio molino y auguró una nueva era con un cambio de paradigma, en el que la ortodoxia neoclásica, herida de muerte, dejaría su trono en manos de otra corriente. Los desafíos abarcan planos distintos: hay ataques ideológicos, como los ya mencionados, pero también metodológicos: los experimentalistas ganan terreno frente a la axiomatización y el rigor matemático neoclásico.

En 2010, con la recesión global acotada, los académicos advierten que la teoría dominante y sus prácticas no cambiaron tanto como se pronosticaba. Pero el escenario aparece definitivamente más diversificado. “Al comenzar a volver todo a la normalidad, la economía vuelve a sus cauces ortodoxos, pero al menos deja la puerta entornada para consideraciones nuevas”, sostiene Ricardo Crespo, especialista en epistemología de la economía del IAE y del Conicet.

Otro experto en la materia, Eduardo Scarano, de la UBA, sostiene que un cambio de paradigma no es inminente.

“Se están objetando los principios básicos de la teoría, pero vamos a un escenario donde la teoría neoclásica está absorbiendo los desarrollos nuevos que están apareciendo”, dijo en una entrevista con el semanario El Economista.

El corredor“La última crisis financiera mostró limitaciones muy claras y serias en la teoría económicamente dominante”, explica Daniel Heymann, profesor de la UBA y economista de la Cepal.

“En tiempos normales, los modelos macroeconómicos también reflejan resultados `normales’, óptimos. Sin embargo, un grupo grande de teorías y modelos fracasan cuando tienen que explicar grandes dislocaciones en el funcionamiento de la economía”, cuenta Javier Finkman, profesor de la UBA y economista jefe del HSBC.

Finkman recuerda que Roberto Frenkel, cuando le daba clases, solía plantear: “¿Cómo puede explicarse una crisis con un modelo que no tiene una crisis entre sus resultados posibles?”. “¿Se imaginan a un médico que intente curar una enfermedad a partir de una teoría en la cual la persona no se enferma nunca?”, compara Finkman. El atractivo de muchos autores neokeynesianos, como Minsky o el sueco Axel Leijonhufvud y su esquema del “corredor”, parte, justamente, de que sus modelos contemplan las crisis como un resultado natural del capitalismo.

El cerebro mágico

Una de las “corrientes de frontera” que más creció en los últimos años es la economía del comportamiento, la rama que ataca el supuesto de “racionalidad de los agentes” de la teoría neoclásica en base a descubrimientos de la psicología cognitiva. Fundada en los 70 por los psicólogos israelíes Daniel Kahneman y Amos Tversky, la corriente behavioral fue con el tiempo coleccionando errores sistemáticos (exceso de confianza, aversión a perder, etc).

La reciente crisis financiera envalentonó a los conductistas. Paradójicamente desde Chicago, cuna de la ortodoxia moderna, Richard Thaler, el pope de la economía del comportamiento, escribió el best seller Nudge, donde trata de fortalecer el flanco débil de la disciplina: el salto desde una muy exitosa “micreoconomía” de sesgos individuales a recomendaciones de políticas públicas e implicaciones macroeconómicas. Thaler y otros 20 conductistas pasaron a formar parte de los equipos de asesores de Barack Obama, un entusiasta de este tipo de descubrimientos.

Pero la contrarreacción de la corriente principal no se hizo esperar. Meses atrás, el Nobel Robert Aumann, un matemático israelí experto en teoría de los juegos, le habló a Clarín pestes de la economía del comportamiento. Para Aumann, los esquemas de incentivos lo explican todo. La gente actúa en forma irracional a veces, es cierto, pero en casos excepcionales.

Aun los principales referentes de esta rama, como Kahneman y Thaler, han aceptado que las nuevas exploraciones se encuentran en pañales. Hay sesgos, apunta Heymann, por caso, que actúan en sentido opuesto: el exceso de confianza vuelve a los inversores más agresivos, la aversión a perder los torna más conservadores. ¿Cómo saber cuál prima? Uno de los debates más interesantes al respecto se dio en el último año entre Pete Lunn, economista conductista y Tim Harford, economista y autor de exitosos libros de divulgación.

Harford, quien desconfía de la nueva tribu, apuntó que los emergentes estudios de “sistemas complejos”, que toman lecciones de la física y están en pleno boom, ponen el énfasis en las interacciones de agentes con “inteligencia cero”, sin ningún detallismo conductista.

Acomplejados

En este contexto, los economistas se están preguntando cómo se hará teoría de acá a 50 años. Pablo Schiaffino, economista jefe de ChiSquare e investigador de Warwick, cree que el mejor término acuñado en los últimos tiempos para definir el estado de la ciencias es el de “la era de la complejidad”.

Fue propuesto en enero por los economistas Richard Holt, Barkley Rosser y David Colander. “Imagínense que están en 1890. Sin duda, allí apostarían a que la mezcla de historia y herramientas analíticas de Alfred Marshall serían el futuro de la economía. Ahora adelántense a 1930: la visión de Marshall quedó en minoría y se impuso el enfoque más matemático de Walras y Edgeworth, que eran marginales en 1890. Ahora traten de imaginarse a la economía en 2050: muchos de los popes de hoy serán olvidados, en tanto que corrientes hoy considerada menores tomarán el mando”, plantean Holt, Rosser y Colander.

El reconocimiento de que se está frente a un fenómeno ultracomplejo, que deberá ser abordado desde distintos ángulos y metodologías, y el relegamiento de esquemas apriorísticos en favor de una economía más experimental serán claves en la era que se viene.

“La cuestión relevante es la del `rango de validez’, probablemente los economistas tengamos que usar métodos y teorías distintas — a veces contradictorios entre sí, algo que sucede en otras ciencias, como la Física­ para abordar diferentes problemas”, dice Heymann, “si tengo que jugarme, diría que vamos hacia una ciencia social, con herramientas matemáticas, sí, pero de ninguna manera como una disciplina axiomática”.

Tal vez la “corriente de chistes” más conocida en la profesión sea la de las respuestas a la pregunta: “¿Cuántos economistas se necesitan para cambiar una lamparita?”: ningún profesor de Chicago (porque si necesitara ser cambiada las fuerzas del mercado ya lo hubieran hecho); dos teóricos (uno para asumir la existencia de una escalera y el otro para cambiarla); ningún marxista (porque la bombita ya tiene el germen de la revolución), y así. ¿Cuántos economistas de la era de la complejidad harán falta para cambiar una lamparita?

 original en iEco:

http://www.ieco.clarin.com/economia/Cambios-teoria-economica-llega-complejidad_0_116700004.html

 

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Presentamos un interesante documento con información de los estadios, el calendarios de los partidos de la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010.

Conozca las sedes y los estadios de Sudáfrica

Conozca a través de bellas fotografías los Estadios y las ciudades que albergarán los partidos de fútbol en Sudáfrica 2010.

Fixture de partidos y resultados

Con el Calendario de partidos usted podrá colocar los resultados y de manera automática se actualizará las posiciones y los clasificados a las siguiente fases.

http://www.ibce.org.bo/notas_ibcemail/sudafrica2010.asp

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REVISANDO LA DEMOCRACIA DELEGATIVA
Publicado el 24/03/2010

Por Guillermo O’Donnell
 
Nota: El presente texto es primera versión de un capítulo en un futuro libro colectivo que discutirá diversos aspectos de lo que he denominado “democracia delegativa.” Hay por lo tanto varios aspectos relevantes al tema que serán tratados por los futuros coautores. A pesar, por lo tanto, del carácter preliminar e incompleto de este texto, debido a que aborda temas que creo no son sólo de interés académico (con las demoras típicas de este tipo de publicación) sino también de fuerte actualidad, me he acogido a la hospitalidad de la página web de nuestro Club para que llegue sin demora a la consideración (y, espero, discusión) de Uds. Agradezco los valiosos comentarios de G. Rozenwurcel a la presente versión.I. INTRODUCCIÓN

Publiqué mis reflexiones sobre la “democracia delegativa” (en adelante DD) por primera vez en portugués, en 1991 (1). Tenía entonces en consideración los gobiernos de Menem (Argentina), Collor (Brasil) y la primera presidencia de Alan García (Perú). Tracé algunas características que aún me parecen válidas de lo que llamé en esos textos “un nuevo animal” que estaba surgiendo en nuestra región; pero otras características del tipo propuesto y de su posible dinámica estaban en esa época vinculadas a las políticas (llamadas) neoliberales que se impusieron en esa época, que determinaron que esos gobiernos (así como algunos que lo sucedieron poco después, especialmente Fujimori) aplicaran políticas que afectaron duramente su popularidad. Actualmente, ya en el siglo XXI, han emergido los que a mi entender son nuevos casos de DD —los gobiernos Kirchner en la Argentina, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, García en su nuevo mandato en Perú, Chávez en Venezuela (aunque ver abajo acerca de deslizamientos hacia el autoritarismo) y Uribe en Colombia. En contraste con los casos de décadas precedentes, los gobiernos recién listados han gozado de dos ventajas: una, la gran expansión de la economía internacional que favoreció notoriamente las exportaciones latinoamericanas; otra, el debilitamiento de las ideas neoliberales y de las instituciones que las propiciaban (y a veces imponían).

Ambos factores hicieron posible que en los casos recientes se adoptaran, en contraste con los anteriores, políticas económicas y sociales fuertemente expansivas -del aparato del estado incluido-, que dieron un fuerte respaldo inicial a los respectivos gobiernos, aunque cabe agregar que esa bonanza ocurrió con independencia de que se tratare o no de un caso de DD. Pero, como sabemos, la crisis económico-financiera desatada a partir de la segunda mitad de 2007 disminuyó el “viento de cola” de la economía internacional y presenta actualmente (comienzos de 2010) varios interrogantes acerca de su continuidad respecto de los productos exportables de estos países y sus futuros precios. A la consiguiente crisis de estas DD, o al menos una difundida puesta en duda acerca de los expansionistas “modelos de desarrollo” precedentes, se han sumado importantes factores más propiamente políticos y domésticos que hacen a características propias de las DD y sus modalidades de funcionamiento, a las que me refiero abajo. Esta conjunción de factores ha llevado actualmente a situaciones que han alimentado vigorosamente tendencias autoritarias ya existentes en el comienzo de algunos de estos casos (Venezuela y Colombia) o a una creciente sensación de crisis e incertidumbre, acompañada de preocupantes transgresiones legales e institucionales (Argentina y Ecuador).

En parte por la espectacularidad que han tenido en el pasado no pocas decisiones de estos gobiernos, y en parte por la sensación de crisis que los afecta actualmente, se despertó recientemente un renovado interés, no sólo en círculos académicos, por el concepto de la DD. Fue así como Osvaldo IazzettaI, con la valiosa cooperación de sus colegas de la Universidad Nacional de Rosario organizaron en esta ciudad, en Octubre 2009, una jornada de discusión sobre el tema. Esa jornada mostró la complejidad del mismo y el acuerdo de los participantes continuar en su indagación desde sus áreas de conocimiento teórico y empírico. Este es el origen del futuro volumen, del que el presente texto es un anticipo para el CPA.

II. UNA CARACTERIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA DELEGATIVA.

Comienzo con una caracterización de la DD; aquí enuncio aspectos básicamente estáticos, dejando para la sección IV los dinámicos.

A. La DD expresa y ejecuta una manera de concebir y ejercer el poder político, sustentada por algunos presidentes y colaboradores; suele ser compartida, al menos temporariamente, por importantes franjas de la opinión pública.

B. Es democrática por dos razones principales. Una es su legitimidad de origen, es decir su surgimiento de elecciones razonablemente limpias y competitivas. La otra es que durante ella se mantienen vigentes ciertas libertades política básicas, tales como las de expresión, reunión, prensa, asociación y movimiento (pero ver abajo algunas salvedades).

C. No es por lo tanto ajena a la tradición democrática, pero es menos liberal y republicana que la democracia representativa. Esto implica no reconocer los límites constitucionales/legales de los poderes del estado que, aunque de diferentes maneras, esas dos corrientes postulan. La tendencia resultante de la DD a la transgresión o extra-limitación de las fronteras institucionales legalmente establecidas, y se agudiza en situaciones de crisis de las que me ocupo abajo.

D. Es por ello mismo fuertemente mayoritaria. Consiste en generar, por medio de las elecciones arriba referidas, un líder que se erige por (en principio) un período determinado, en el principal intérprete, si no la encarnación, de los principales intereses de la nación.

E. La concepción básica, que se expresa repetidamente por el líder y sus seguidores, es que la elección da al presidente/a el derecho, y la obligación, de tomar las decisiones que mejor le parecen para el país, sujeto sólo al resultado de futuras elecciones presidenciales.

F. En consecuencia, esta auto-concepción y las prácticas de poder resultantes consideran un estorbo indebido la “interferencia” de instituciones que ejercen diversos aspectos de control sobre el poder ejecutivo, incluyendo los otros dos grandes poderes del estado constitucional (legislativo y judicial), así como las diversas instituciones de accountability horizontal que ha ido incorporando la legislación moderna (auditorías generales, fiscalías generales y especializadas, defensores del pueblo y semejantes). Esto lleva a esfuerzos por anular, cooptar y/o controlar esas instituciones; el éxito de estos intentos depende de relaciones de fuerza, variables de caso a caso y dependiendo de períodos. Esta es una de las razones por las que los presidentes DD no son omnipotentes, aunque extreman esfuerzos por serlo

G. Asimismo esta concepción lleva a que la manera típica de adopción de políticas públicas sea abrupta e inconsulta; trata de no pasar por los filtros de otras instituciones, aunque el grado en que lo logra depende también de casos y períodos, además que inevitablemente se encuentra -para la toma de esas decisiones y su implementación- con diversas relaciones fácticas de poder. Pero esos encuentros suelen realizarse, por la razón ya indicada, mediante relaciones nula o escasamente mediadas institucionalmente.

H. Más globalmente, esta auto-concepción expresa la idea de que el presidente es la encarnación, o al menos el más autorizado intérprete, de los grandes intereses de la nación. En consecuencia, el líder se siente -y suele insistir en decirse- colocado por encima de las diversas “partes” de la sociedad.

I. Lo anterior incluye a los partidos políticos, vistos como expresión sólo parcial de esos intereses. De ahí que el/la presidente DD sea movimientista: lo que dirige no es un partido o una facción sino un movimiento que contiene o expresan uno o más partidos y diversas organizaciones sociales y/o para-estatales, pero no reducible a ellos.

J. Puede expresar diversas orientaciones ideológicas. La mayor parte de los casos pertenece, más o menos vagamente, a la izquierda. Pero Uribe muestra que bien puede haber una DD de derecha (y Fujimori antes); en el caso de los Kirchner, ellos flotan en un espacio indefinido por estos parámetros.

Dados los trazos propuestos, un problema que obviamente se plantea es el de los parecidos de familia de la DD con otros tipos de régimen político. Uno es respecto de la democracia representativa, con la cual he señalado características que la diferencia de la DD, aunque ambas pertenecen al género de la democracia. En este sentido, hay distinciones importantes entre la “delegación representativa” implicada por la última (tal como lo planteé en mi texto originario sobre la DD, señalando que por supuesto la representación entraña un componente de delegación para el ejercicio de la respectiva autoridad) y la “delegación plena” implicada por la DD, en la que en principio no quedan los componentes de accountability y de interrelación institucional implicados por la representación democrática. Esto, aunque la democracia representativa y la DD no son opuestos polares (aunque sólo fuere porque pertenecen al género “democracia”) me parece que basta para diferenciarlas.

Este tema plantea el del parecido de familia de la DD con el populismo. Para empezar, aunque algunos populismos han tenido, aunque en muchos casos temporariamente, forma democrática, la gran mayoría ha sido autoritaria, ya directamente por provenir de algún golpe de estado o por basarse en elecciones que no fueron limpias ni competitivas. Además, conviene recordar que en la concepción clásica, y mi modo ver correcta, de la sociología latinoamericana el término se aplicó a situaciones en las que se produjeron procesos de expansión económica y del papel del estado, junto con ingresos a la arena política de sectores y clases sociales antes excluidos, bajo la dirección de un estado que intentó controlar verticalmente esa incorporación. Por ello la situación económica y el papel del estado en el período inmediato anterior a la emergencia de las DD fueron muy diferentes de los arriba comentados, además de que los procesos de incorporación política estaban básicamente cumplidos estos países, aunque el resultado fue una ciudadanía socialmente fragmentada y políticamente alienada.

III. FACTORES PRÓXIMOS QUE PARECEN PRODUCIR, O FACILITAR LA EMERGENCIA DE LA DEMOCRACIA DD.

Las DD suelen surgir de graves crisis, pero no todas estas crisis producen DDs. Pero, ¿qué tipo de crisis? Primero, son crisis a nivel nacional. Segundo, pueden ser de tipo socioeconómico (la mayor parte de los casos) o bien resultado de una prolongada y abarcante situación de guerra interna entre facciones organizadas (Colombia-Uribe) y, a veces, de la combinación de ambos factores (Perú-Fujimori). Tercero, en todos los casos son también profundas crisis políticas, incluso del papel y capacidades del estado; estas crisis ayudan la eclosión de las anteriores y a la vez son realimentadas por ellas.

Esas crisis no resultan sólo de datos objetivos. También dependen, al menos en cuanto a su profundidad y consecuencias, del grado en que son consideradas como tales por buena parte de la opinión pública, hasta el punto de convencerse de que se irá agravando inevitablemente si no se producen cambios drásticos en la conducción de los asuntos nacionales. Finalmente, para que la crisis desemboque en una DD también hace falta que aparezca un (o más) líder que se ofrece como quien puede y sabe cómo resolverla, y en base a ello gana elecciones o revalida la posición de gobierno que ya tiene. Ese líder puede tener éxito electoral porque se presenta, y en su momento es creído por una cantidad suficiente de votantes (mayoría o no) como un verdadero salvador: él va a rescatar la nación de sus padeceres y reconducirla a su verdadero destino. La gestión de estos líderes, y la propia autoconcepción de su papel, quedan atadas a esta promesa de salvación.

Un tema más complicado es el de las razones históricas y estructurales que facilitan o promueven la emergencia de DDs. (Nota: hago rápidas referencias a este complejo tema porque será abordado por otros coautores del futuro libro, más capacitados que yo para hacerlo) Respecto de las primeras, hay una correlación que salta a la vista: todos los países que tienen o han tenido DDs. han tenido importantes momentos y/o movimientos populistas. La excepción es Colombia; tal vez la experiencia particularmente prolongada de una guerra interna que afecta, directa o simbólicamente, la vida cotidiana de casi todos, haya bastado para generar una demanda de salvación semejante a la de los otros casos. Asimismo, no sería imposible que una sensación de generalizada inseguridad personal ayude a alimentar la sensación de crisis y, con ello, colabore con la emergencia de una DD. Por contraste, los países que cuentan, y se enorgullecen de contar con una larga tradición de democracia representativa (Costa Rica, Chile y Uruguay, a pesar de las brutales interrupciones autoritarias en los dos últimos), parecen sólidamente vacunados contra la DD.

IV. ACERCA DE LA DINÁMICA Y TENDENCIAS DE CAMBIO DE LA DEMOCRACIA DELEGATIVA.

Estos líderes a veces fracasan de entrada (Collor en Brasil, la primera presidencia de García en Perú y Velasco Ibarra varias veces en Ecuador), pero otros logran superar la crisis, al menos en sus aspectos más notorios y preocupantes para buena parte de la opinión pública. De allí ellos comienzan una trayectoria que me parece tiene ciertos rasgos típicos, que en la presente sección intento caracterizar.

Estos líderes emprenden una gran causa, la salvación de la patria, y en la medida que superan (o alivian significativamente) la crisis logran amplios apoyos. Son sus momentos de gloria: no sólo pueden y deben decidir como les parece; ahora ese apoyo les demuestra, y debería demostrar a todos, que ellos son quienes realmente saben qué hacer con el país. Respaldados en sus éxitos, los líderes DD avanzan entonces en su propósito de suprimir, doblegar o neutralizar las instituciones que pueden controlarlos.

Algunos de estos presidentes, como Kirchner y Menem en su momento, tuvieron la gran ventaja de lograr mayoría en el congreso. Sus seguidores en este ámbito repiten escrupulosamente el discurso delegativo: ya que el presidente ha sido electo libremente, ellos tienen el deber de acompañar a libro cerrado los proyectos que les envía “el gobierno”. Cometen entonces la mayor abdicación posible de una legislatura: conferir (y renovar repetidamente) carta blanca a las iniciativas del poder ejecutivo y, por si ello fuere poco, también poderes extraordinarios al mismo. Cierto, esa abdicación conviene al oportunismo de no pocos de estos legisladores: pueden invocar su obediencia para eximirse de implicaciones de la legislación que “tienen” que aprobar o delegar, así como en el futuro, si así les conviene, abjurar de la misma invocando su escasa cuota de responsabilidad en la misma en la Argentina, el pasaje de cerrado apoyo a políticas de Menem al no menos cerrado apoyo a políticas de las presidencias Kirchner, algunas de ellas diametralmente opuestas, incluso por quienes ocuparon posiciones de liderazgo parlamentario durante ambos períodos, es ejemplo de esto.

Los presidentes DD han nacido de la crisis y en un sentido siguen viviendo de ella. Incluso cuando la sensación de la crisis ha disminuido, intentan constantemente reavivarla, con la severa advertencia de que si se abandona el camino que proponen, ella resurgirá, seguramente agudizada. El lenguaje de la crisis -la pasada y la que se dice vendrá si se abandona el camino emprendido- es una constante de estos discursos, sobre la que se basa la proclama necesidad de contar con poderes extraordinarios, así como la hostilidad a los “estorbos” que plantean las instituciones de control y de accountability.

La invocación de la crisis y del consiguiente papel salvacionista del líder DD se articula con otros elementos fundamentales del marco de significación de su discurso. Si venimos de tamaña crisis es porque ha habido actores políticos y sectores sociales -que tienen grandes poderes y de alguna manera han participado de gobiernos anteriores- que son responsables por ella. Este argumento tiende a dividir, dicotomizando, el campo político: hay quienes están “a favor del país” y quienes, por su pasado y las posiciones que mantienen, estaban y, salvo clara prueba en contrario, siguen estando en contra del país, de sus verdaderos intereses. De allí a definir Schmittianamente la política como guerra entre amigos y enemigos hay un paso.

La aducida vocación salvacionista no puede sino decir que convoca el apoyo de lo mejor, más auténtico de la nación. Esto hace del movimiento el vehículo adecuado para el líder, ya que no hay “parte”, sea política o no, que pueda hacer eso. Esto expresa y refuerza la visión dicotómica arriba mencionada y, junto con ello, el papel del líder como encarnación, o al menos el mejor intérprete posible, de los magnos intereses nacionales en juego. Esta dicotomización condenatoria ya está presente en el origen del marco de significación del discurso DD, pero no llega a ser agresivamente manifiesta hasta que estos gobiernos entran en crisis—tema del que me ocupo en la sección siguiente.

Este discurso y sus consecuencias prácticas ponen en juego, además de la horizontal, otro tipo de accountability, la social, útilmente analizada por E. Peruzzotti y C Smulovitz. En realidad, en estos casos no se trata tanto de la accountablity “desde abajo” analizada por estos autores, como de los “controles verticales” que ha destacado Gabriela Ippolito-O’Donnell en un trabajo reciente. El líder busca movilizar apoyos desde la sociedad; ellos, por la tendencia anti institucional de las DD, suelen expresarse de maneras informales, sin perjuicio del esfuerzo de los líderes DD por encuadrarlos –de aquí surgen movimientos de diverso tipo -incluso, peligrosamente, amenazantes brigadas- que, mientras dura cierta bonanza económica, proclaman incondicionales lealtades. Otro aspecto muy importante en el que se pone en juego la accountabiliy social es con los medios de comunicación; mientras dura esa bonanza los líderes DD esperan -y exigen de diversas maneras- que los medios participen de las consiguientes aclamaciones. Más tarde, cuando estos gobiernos entran en crisis, no pocos de esos medios aparecen como la principal correa de transmisión de diversos descontentos; se los percibe como un grave atentado a la continuidad de la gran tarea de salvación que aquéllos han emprendido. De allí diversos pero insistentes esfuerzos por controlar o hasta eliminar esos medios, incluso a alto costo de opinión doméstica e internacional. Esta, no casualmente, es otra constante de las DD.

La DD también implica una manera de gobernar, no exclusiva pero típica de ella. El líder es un personaje básicamente solitario; esto tal vez corresponda a características psicológicas de estas personas, pero creo que también se puede afirmar es que es derivación directa de su concepción del poder que ejercen. El salvador de la patria que sabe mejor que nadie qué es lo que se debe hacer difícilmente pueda tener aliados; tiene simples colaboradores en su círculo directo y, con otros, coincidencias ocasionales que pueden ayudarlo a conseguir ciertos objetivos. Respecto de los primeros, ellos deben ser obedientes seguidores que no pueden adquirir peso político propio, anatema para el poder supremo del líder. Tampoco tienen en realidad ministros, ya que ello implicaría un grado de autonomía e interrelación entre ellos inaceptable para estos líderes. Chávez, Correa, García y los Kirchner (y en sus tiempos Fujimori) tienen impresionantes records de despedir abruptamente colaboradores directos y ministros, y arrojarlos al infierno de los “traidores”.

Asimismo, el líder suele necesitar el apoyo electoral y/o legislativo de otros partidos políticos. Pero ellos tampoco pueden ser verdaderos aliados; su a veces ostensible oportunismo los hace poco confiables y el propio hecho de que sean otros partidos muestra al líder que tampoco lo son para acompañarlo plenamente en su tarea de salvación nacional. Además, si fueran realmente tales aliados, el líder tendría que negociar con ellos importantes decisiones, lo cual implicaría renunciar a la esencia de su concepción delegativa. Esto no quita que haya negociaciones en el congreso, pero ellas suelen ocurrir, directa o indirectamente, con los gobernadores, con quienes el presidente mal que le pese comparte su poder, sobre todo en países como Argentina, donde ya antes de la DD se había producido una marcada territorialización de la política. En estos casos los presidentes DD tienen que lidiar con nunca confiables señores territoriales. Ellos deben proveer votos en el congreso y en las elecciones, así como un control de sus territorios que, sin importarle demasiado al líder cómo, no genere crisis nacionales. Por supuesto los gobernadores (no pocos de ellos también delegativos, si no abiertamente autoritarios) pasan por esto facturas cuyo monto depende del cambiante poder del presidente; así se pone en recurrente y nunca finalmente resuelta cuestión la distribución de recursos entre el estado nacional y las provincias.

En cuanto al poder judicial (en el caso argentino, a contrapelo de buenas decisiones iniciales en la designación de miembros de la Suprema Corte y reducción de su número), se van apretando controles sobre temas tales como el presupuesto de esa institución y, crucialmente, las designaciones y promociones de jueces. Asimismo, con relación a las instituciones de accountability ya comenté que los líderes apuntan a capturarlas con leales seguidores, al tiempo que cercenan sus atribuciones y presupuestos. Todo esto ocurre con entera lógica: para esta concepción del poder político no es aceptable que existan interferencias a la libre voluntad del líder —claro que con ello se eliminan importantes características de la democracia representativa.

Las consideraciones precedentes nos han llevado del período inicial de bonanza y amplio apoyo con que cuentan inicialmente algunas DD, hacia el de su crisis y sus posibles consecuencias. Trato este tema en la sección siguiente.

V. CRISIS DE LAS DD Y LA PROPENSIÓN (Y RIESGO) DE DESLIZAMIENTOS.

Por momentos el líder delegativo par¬ece todopoderoso, pero pronto choca con poderes económico y sociales con los que, ya que ha renunciado en casi todos los planos a tratamientos institucionalizados, se maneja con relaciones informales. Ellas se suman a la colonización de las agencias de accountability para producir una aguda falta de transparencia, recurrente discrecionalidad y abundantes sospechas de corrupción. Los líderes delegativos inicialmente exitosos generan importantes cambios, algunos de ellos de signo e impactos positivos. Pero por eso mismo van apareciendo nuevas demandas y expectativas, junto con el resurgimiento de antiguos problemas y la aparición de nuevos que al menos en parte suelen ser producto de los éxitos iniciales.

Al comienzo de su gestión los líderes DD suelen tener éxito disipando la crisis previa con medidas de emergencia, tal vez necesariamente abruptas e inconsultas en esas circunstancias; aunque, como han señalado autorizados economistas, esas medidas implicaban serias inconsistencia intertemporales que, tozudamente mantenidas, contribuyen grandemente a la futura crisis. Además, una vez que los peores aspectos de la crisis han pasado, aparecen viejos y nuevos problemas, casi siempre de resolución mucho más compleja que los anteriores. Esto requiere políticas estatales no menos complejas, no sólo para decidir esas políticas sino también para su exitosa implementación; para ello es importante contar con instancias de consulta e intermediación con diversas (y cambiantes según el tema en juego) instituciones políticas e intereses. Pero este camino se obstruye, en parte porque el presidente DD se ha encargado de corroer o desconocer esas instituciones, y en parte también por un conocido problema psicológico, ser víctima del propio éxito. El líder no logra distinguir caminos alternativos y se aferra a seguir haciendo lo mismo y de la misma manera que no hace mucho le funcionó razonablemente bien, reforzado por cortesanos que no atinan a detectar y menos proponer aquéllos caminos -estos presidentes mantienen tercamente su estilo de toma de decisiones. Este estilo abrupto e inconsulto frente a complejos problemas es casi garantía de comisión de gruesos errores. Junto con crecientes síntomas de crisis, esto suele producir una generalizada sensación de arbitrariedad e imprevisibilidad que la realimenta.

De esta manera, en su negativa a convocar auténticos aliados e interlocutores, el líder DD se va encerrando en un cada vez más estrecho grupo de colaboradores. A su vez, quienes en el estado y desde el llano apoyan desinteresadamente al líder dan señales de desconcierto y preocupación comienzan a resentir que sólo se los convoque para aclamar sus decisiones. Es típico de estos casos que a períodos iniciales de alta popularidad suceden abruptas caídas de la misma y, con ello, una cascada de “deserciones” de quienes hasta hacía poco proclamaban lealtad al líder. Entonces los señores territoriales empiezan a tomar distancia del líder; por su parte, los partidos que creyeron ser aliados y descubren que sólo podían ser subordinados instrumentos, comienzan a recorrer un complicado camino de Damasco hacia otras latitudes políticas.

La crisis de la DD aparece entonces, en sí misma y en su generalizada percepción como tal, junto con tensiones de todo tipo. Para el análisis de este tema no se trata sólo de cualidades y defectos personales de los líderes DD; pero parte del problema es que ellos suelen estar persuadidos de sus atribuciones y misión. Además, cuando aparece la crisis de estos gobiernos, el país tropieza con debilidades institucionales que, como ya he comentado, el líder se ha ocupado en acentuar. Es entonces que el líder reprocha la “ingratitud” de quienes, luego de haberlo aplaudido durante el ápice de sus éxitos, ahora resienten la reemergencia de graves problemas y las maneras abruptas e inconsultas con que intenta encararlos (si no negarlos como malicioso invento de condenables intereses expresados en los nunca tan molestos medios de comunicación). A esta altura de los acontecimientos, otros líderes delegativos se encontraron huérfanos de todo apoyo organizado. En cambio, en Argentina el matrimonio presidencial tiene la ventaja de contar con parte del partido justicialista; pero, mostrando la raigambre de sus visiones, a éste lo manejan con la misma discrecionalidad que al gobierno.

Insisto que es típico que los líderes delegativos pasen bastante rápidamente de una alta popularidad a una generalizada impopularidad. La repetición de estos episodios no parece casual; obedece al despliegue de una manera de concebir y ejercer el poder que se niega a aceptar los mecanismos institucionales, los controles, los debates pluralistas y las alianzas políticas y sociales que son el corazón de una democracia representativa. Por el contrario, a medida que avanza la crisis, el líder apela al apoyo de los “leales” y arroja al campo del mal no ya sólo a los herejes de la causa nacional sino también a los “tibios”. El líder ya no vacila en proclamar que el principal contenido de toda la oposición es ser la anti-patria de las que nos quiere salvar. La imagen asustadora del retorno a la crisis de la que nació su gobierno -el caos- aparece con más nitidez que nunca en su discurso. En cuanto a la oposición, al ritmo de una polarización que el líder inicialmente propulsó en su aparente beneficio e impulsa aún más vigorosamente cuando aparece la crisis, tiende a aglomerar, entre otros, a sectores sociales y actores políticos que aquél justificadamente criticó. Para la oposición de allí resultan incómodas compañías, intentos de diferenciación y apuestas en pro y en contra de la polarización que impulsa el líder delegativo.

A esta altura la tarea de salvación nacional se convierte, para estos líderes, en una verdadera gesta. Para ellos está en juego nada menos que el destino del país, amenazado por los poderes -nacionales y externos- que afirman crearon la crisis precedente y en caso de prevalecer harán retornar el país a algo parecido, o probablemente peor. A esta altura cabe preguntarse hasta qué grado este discurso de la gesta responde a convicción íntima del líder DD y su seguidores cercanos y/o es un recurso para aumentar apoyos y con ello acentuar la polarización ya iniciada; sospecho que hay ambos componentes. Entonces también surge un gran riesgo: en respuesta a la irritación que produce al líder la para él/ella injustificable aparición de esas oposiciones, le tienta amputar o acotar seriamente las libertades cuya vigencia mantienen la situación en la categoría de democrática y, en el límite, ya en pleno territorio del autoritarismo, la supresión o completo control del poder legislativo y el judicial. Por cierto, la idea de gesta salvacionista invita a esas transgresiones, ya que su importancia hace palidecer los “detalles” y “formalidades” implicados por aquéllas libertades e instituciones. Que este riesgo no es baladí se muestra en el desemboque autoritario de Fujimori en Perú y de Putin en Rusia, y en el similar desemboque hacia el que hoy Chávez lleva a Venezuela. En este punto no parece haber límites propios a la a DD, sino los que pueden oponer la sociedad y algunos partidos. Ello a su vez depende del grado de organización, articulación, politización y convicciones democráticas de esos elementos. Felizmente la Argentina de hoy, en contraste con la de épocas pasadas y en buena medida como resultado de las lecciones duramente aprendidas entonces, tiene condiciones propicias para evitar un desenlace plenamente autoritario; pero no es ocioso recordar que la democracia también puede morir lentamente, no ya por abruptos golpes militares sino mediante una sucesión de medidas poco espectaculares pero acumulativamente letales.

Esto se relaciona con otro tema, que también deriva rigurosamente de la lógica delegativa. En ella las elecciones no son el episodio normal de una democracia representativa, en las que se juegan cambios de rumbo pero no la suerte de gestas de salvación nacional, y en las que siempre queda la posibilidad de volver al gobierno mediante futuras elecciones. En cambio, para el líder delegativo hasta las elecciones parlamentarias adquieren gran dramatismo: de su resultado cree que depende impedir el surgimiento de poderes que abortarían esa gesta y devolverían el país a la crisis precedente y, con ella, a su subyugación a los peores intereses. Hay que jugar todo contra esta posibilidad porque, para esta concepción, todo está realmente en juego. Es importante entender que estos argumentos no son sólo recursos electorales, desgraciadamente todo indica que expresan auténticos sentimientos.

En el transcurso de su crisis, cuando acentúa su discurso polarizante y amedrentador, esta manera de ejercer el poder recibe apoyos cada vez más escasos y endebles, al tiempo que acumula enojos de los poderes e instituciones, políticos y sociales, que ha ido agrediendo, despreciando y/o intentando someter. El período de crisis de las democracias delegativas es de creciente aceleración y dramatismo de los tiempos de la política; no deja de ser paradójico, aunque entendible dentro de esta concepción, que sea el líder delegativo quien más contribuye a esa aceleración como todo le parece en juego, casi todo pasa a ser permitido.

A esta altura, aumenta la hostilidad hacia las instituciones de accountability que han logrado conservar algún grado de autonomía, así como las consiguientes presiones para que se alineen con las posiciones oficiales, o al menos no las entorpezcan. Por la misma razón, recrudece la hostilidad contra los medios de comunicación, mensajeros de malas noticias y “mentiras malintencionadas”, que deben ser acallados, o por lo menos, descalificados frente a la opinión pública; esto afecta uno de los derechos fundamentales de la democracia, el acceso libre a información libre tanto durante como entre elecciones.

Las DD en crisis no quieren verse en los espejos que se le proyectan desde diversos ámbitos de la sociedad; cuánto éxito tienen en romperlos es la gran cuestión que se abre en estas coyunturas.

(1) Novos Estudos CEBRAP (1991) 31: 25 40. Las primeras ediciones en castellano e inglés fueron, respectivamente, Cuadernos del CLAEH (1992) 17(61): 9-19 y Journal of Democracy (1994) 5(1): 55-69.

original en ESCENARIOS ALTERNATIVOS:

http://www.escenariosalternativos.org/default.asp?seccion=coyuntura1&subseccion=coyuntura1&nota=3794

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